Venezuela en la Encrucijada: Transición entre Tutela y Colapso

Venezuela frente a la transición que no controla

El cambio político en Venezuela no llegará por una ruptura heroica ni por sanciones que castigan solo a la sociedad. Ya pasó: el régimen se adaptó, la élite se mantuvo en el poder, y el país se derrumbó.

Lo que está pasando

Tras la salida de Maduro en enero de 2026, su reemplazo opera bajo un esquema aprobado por Estados Unidos, especialmente el gobierno de Donald Trump, y avalado por interpretaciones dudosas del Tribunal Supremo que evitan elecciones constitucionales inmediatas. Así, la transición avanza condicionada, con un oficialismo que sigue siendo pieza central y Estados Unidos como árbitro clave.

El golpe ha sido demoledor: la economía se desploma, las pensiones superan a los cotizantes, y ocho millones de venezolanos migraron. La dependencia económica cambia de rumbo: las remesas superan sectores históricos y el petróleo, vendido a precios de mercado, queda congelado en cuentas del Tesoro estadounidense sin acceso del gobierno encargado.

Por qué esto redefine el futuro

Este no es el cambio con el que contaban ni puede sostenerse sin un consenso real. La transición no debe ser un acuerdo impuesto desde afuera ni un arreglo provisorio que ignore la soberanía. Sin un acuerdo nacional que incluya a todas las fuerzas y sectores, cualquier gobierno carecerá de legitimidad y durabilidad.

Peor aún, el peligro es ceder la soberanía a intereses externos y corporativos mediante acuerdos energéticos o mineros que se deciden a puerta cerrada, sin control legislativo ni transparencia. Eso no es transición: es nueva dependencia disfrazada de apertura.

Qué se necesita ahora

  • Un diálogo nacional serio: Sin ingenuidad, con garantías verificables para reconstruir confianza en un país fragmentado.
  • Un levantamiento gradual de sanciones: Vinculado a reformas institucionales concretas: justicia independiente, sistema electoral creíble, control efectivo y autonomía económica.
  • Un liderazgo responsable: Que encarne la transición y resista linchamientos políticos, porque sin incentivos no habrá reformas.

Este proceso será imperfecto y no exento de tensiones. Pero Venezuela, desgastada y sin márgenes, no tiene otra opción que asumirlo con realismo y decisión. No es momento de repetir errores ni de buscar héroes. Es hora de reconstruir soberanía y estabilidad, antes que la tutela y el colapso terminen borrando toda posibilidad de futuro.

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