Shell intensifica su apuesta en Venezuela, adquiriendo reservas estratégicas de gas
Shell, el gigante energético británico, amplía su control sobre los yacimientos de gas marinos en Venezuela, en medio de acuerdos directos con el gobierno de Delcy Rodríguez.
¿Qué está pasando?
Según fuentes cercanas, Shell planea invertir a gran escala en el yacimiento Dragon, con reservas estimadas en 4,2 billones de pies cúbicos. Pero no se queda ahí: busca controlar también áreas vecinas formando junto al proyecto Mariscal Sucre unas reservas combinadas de 12 billones de pies cúbicos, ubicadas en aguas venezolanas cercanas a Trinidad y Tobago, clave para la geopolítica energética regional.
Además, Shell apunta al yacimiento Loran, que suma otros 7,3 billones de pies cúbicos, junto a Trinidad, ampliando así su dominio en una región clave, con un total aproximado de 20 billones de pies cúbicos en juego.
¿Por qué esto cambia el escenario?
El gobierno interino de Delcy Rodríguez no solo facilita la entrada de Shell, sino que ya firmó acuerdos estratégicos con la compañía en marzo. Esto contrasta con la narrativa oficial que minimiza la reconfiguración energética de Venezuela. La alianza no es solo económica; tiene implicaciones para el equilibrio geopolítico y la soberanía nacional, que se pierden entre la burocracia y el silencio mediático.
¿Qué viene después?
- Mayor dependencia de una empresa extranjera en recursos estratégicos.
- Reconfiguración del mapa energético en el Caribe bajo intereses ajenos a la región.
- Posible impacto en la legalidad y control de las reservas venezolanas frente a discursos oficiales que no alertan sobre estas maniobras.
La pregunta clave queda al aire: ¿quién protege realmente los recursos nacionales cuando acuerdos de esta gravedad se cierran casi sin debate público?