La Ley de Amnistía en Venezuela: ¿Escenario de paz o trampa política?
¿Paz o nueva cadena para presos políticos?
La llamada Ley de Amnistía en Venezuela, aprobada apresuradamente y presentada como paso hacia la reconciliación, genera más incertidumbres que certezas.
No cubre a todos los perseguidos políticos, excluye a militares y condiciona el beneficio a que los acusados «cesen en la ejecución» de sus supuestos delitos, manteniendo vigente su estigmatización delictiva. Esto significa que pueden seguir siendo perseguidos bajo una maraña de leyes punitivas heredadas del régimen, con un poder judicial aún controlado por quienes sostienen la dictadura. Una Espada de Damocles amenaza a todos los liberados.
- El artículo 9 usa la excusa de la «intervención extranjera» para negar amnistía a opositores a discreción.
- No hay una sola palabra sobre reparación o justicia para las víctimas y sus familias.
La ley hasta ahora acelera liberaciones, pero su éxito real depende de quién controla el poder —un poder que no tiene interés en derribar el régimen ni en restaurar la democracia plena.
La narrativa oficial: ¿Quién manda y quién decide?
Controlar la narrativa es controlar el poder. Pero en Venezuela, las grandes mayorías siguen marginadas de las decisiones clave.
El viejo discurso fascistoide, inventado por el régimen para justificar represión y fracaso económico, sigue latente. Aun con cambios aparentes, esa narrativa amenaza con perpetuar un control autoritario con apariencia renovada.
Por otro lado, la postura aséptica de actores externos, como el secretario de Estado de EE.UU., reduce la realidad venezolana a fórmulas burocráticas sin integrar a los venezolanos comprometidos con la transición. Sin esa participación, los cambios pueden naufragar.
¿Cuál es el verdadero desafío?
La recuperación democrática exige desactivar el relato fascistoide y construir una narrativa potente centrada en la participación activa del pueblo, la justicia con reparación, y el restablecimiento del marco constitucional.
El pueblo ya habló el 28J. Ni la presidencia encargada actual es legítima sin su respaldo ni admite la vuelta de Maduro. Pero esa verdad todavía debe imponerse y vencer relatos que alimentan el Estado de terror interno.
Además, la reconstrucción real requiere libertad plena para medios, regreso seguro de líderes perseguidos y condiciones políticas claras para convocar elecciones generales confiables. Sólo así se podrá salir del ciclo de autoritarismo disfrazado.
La prueba de fuego
El liderazgo político debe consolidarse y transformar esta transición en un proceso irreversible. Si la presidencia encargada no logra esto, debe ceder el paso. Sin compromiso con justicia, libertad y participación, la tragedia venezolana continuará.
El futuro no está asegurado. La agenda de reconstrucción es dura y exige abandonar falsas narrativas para poner al pueblo en el centro. Las acciones concretas, no discursos tibios, definirán quién controla Venezuela de verdad.