Intolerancia interna: el choque que debilita la lucha democrática

El fuego amigo que mata la esperanza democrática

Las bajas en la guerra no siempre vienen del enemigo. En Venezuela, en una batalla que debería ser común, las descalificaciones internas se han convertido en un riesgo fatal para quienes intentan virar el destino del país.

¿Quiénes realmente están del lado de la democracia?

No hay un «nuestrómetro» oficial, pero dos preguntas definen a los verdaderos aliados:

  • ¿Rechazaron que un régimen corrupto impusiera directivas en partidos políticos mediante jueces complacientes?
  • ¿Cuestionaron el falso resultado electoral manipulado por Elvis Amoroso y el Tribunal Supremo, que negó el triunfo legítimo de Edmundo González?

Quienes pasaron por alto estas maniobras no están comprometidos con la democracia. ¿Se puede confiar en quienes aceptaron esa capitulación y hoy ocupan escaños en la Asamblea Nacional ilegítima? La respuesta no es simple, pero merece análisis basado en su acción, no su pasado ni opiniones.

¿Por qué dividir si el enemigo persiste?

El discurso que acusa con generalidades—‘corruptos’, ‘exchavistas’, ‘errores del pasado’—sin pruebas claras solo restan fuerza. Recordemos a quienes cambiaron y asumieron roles honestos, incluso enfrentando cárcel, como Enrique Márquez. El ataque injustificado no suma.

¿La prioridad? Mantener la unidad para enfrentar a la verdadera amenaza: un régimen que manipula instituciones, reprime y prolonga su poder ilegal, como la tutela de Delcy Rodríguez en Miraflores.

El futuro depende de nuestra capacidad de acuerdo

Si algo debe quedar claro es que la intolerancia interna es un lujo que Venezuela no puede darse. Se requiere sumar fuerzas —incluyendo algunos disidentes del régimen— para reducir su tiempo en el poder y reconstruir la institucionalidad.

Lo que pocos dicen:

  • María Corina Machado y Antonio Ledezma recibieron reconocimiento internacional, un gesto que fortalece la lucha.
  • Figuras como Nicmer Evans permanecen desaparecidas, evidencia clara del autoritarismo que amenaza a todos.
  • El régimen continúa con confiscaciones arbitrarias, como la de la vivienda de Laura Acosta, ejemplo de represión directa.

No hay democracia sin unidad. Destrozar a los nuestros con acusaciones infundadas solo amplía la ventaja del régimen autoritario que mantiene a Venezuela en cautiverio.

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