La falsa transición que perpetúa la dictadura en Venezuela
¿Por qué la democracia en Venezuela sigue siendo un espejismo?
Estados Unidos es hoy quien impulsa no la salida de Maduro, sino la continuidad de la dictadura bajo un nuevo disfraz.
Durante 27 años, los venezolanos hemos visto cómo la democracia se aleja cada vez que parece alcanzable. El modelo político impuesto desde afuera excluye la voluntad real del pueblo y legitima a la misma minoría que ha gobernado con autoritarismo.
Lo que llaman «transición» es en realidad una maniobra para perpetuar el poder autoritario
El modelo Trump-Rubio, presentado como una solución técnica, ignora la participación colectiva y evita un debate real. La transición hacia una democracia auténtica se reemplaza por un ajuste de poder donde el autoritarismo se vuelve «más inteligente», no menos dañino.
Esto no es una ruptura pactada como la española; es la imposición de un poder minoritario sin respaldo popular. Se mantiene la estructura represiva intacta: centros de tortura, desapariciones, control interno. Solo cambian las formas, no la esencia.
¿Qué consecuencias tendrá esta legitima de autoritarismo?
- El régimen mantiene el control económico y político gracias al respaldo estadounidense.
- La oposición real queda marginada y corre riesgo de ser absorbida por actores complacientes.
- La población vuelve a ser espectadora de una transición que no es tal, sino una consolidación del poder dictatorial.
La pregunta que nadie responde es: ¿Quién arma finalmente una verdadera salida democrática si los grandes actores internacionales y locales prefieren esta «normalización»?
Venezuela necesita entender que la democracia no está en manos de pactos externos, sino en la movilización colectiva para recuperar la voz y la participación ciudadana.
Esto importa más de lo que parece: el futuro del país no está en negociaciones que excluyen al pueblo, sino en la reactivación de una verdadera voluntad democrática.