9 años sin trasplantes en Venezuela: la crisis que el régimen oculta
9 años sin trasplantes: el abandono absoluto del Estado
El 1 de junio marcó un nuevo aniversario del silencio oficial mientras Venezuela acumula nueve años sin trasplantes de órganos provenientes de donantes cadáver. Lo que fue una supuesta pausa de 3 meses en 2017, hoy es un congelamiento estructural que expone la devastación del sistema de salud.
¿Por qué esto cambia todo?
El programa de trasplantes, clave para salvar vidas, fue entregado en 2014 a una fundación estatal (Fundavene), alejando la gestión profesionalizada que tenía la Organización Nacional de Trasplantes (ONTV). Desde entonces, los trasplantes cayeron en picada: de 2.257 renales en 14 años a solo 130 antes del colapso total.
El resultado no es una estadística, son personas: más de 960 pacientes sin trasplante desde la suspensión, 150 de ellos niños y adolescentes. La ONG Prepara Familia denuncia públicamente que la falta de inversión combina deficiencias graves que matan lentamente a quienes dependen de estos tratamientos.
Entre demandas ignoradas y promesas vacías
- Sin agua ni energía garantizadas, hospitales operan al límite.
- Especialidades críticas como cardiología y neurología están cerradas.
- Salarios bajos impulsan una médica migración masiva.
- Niños quedan a la deriva: solo trasplantes de donante vivo y restringidos.
- 85% de las madres cuidadoras sufren angustia constante por la responsabilidad y precariedad.
Estos no son problemas menores, sino señales claras del colapso institucional que impacta directamente en la vida de la población.
La gran contradicción: discurso versus realidad
Mientras Delcy Rodríguez anuncia 176 salas de diálisis funcionales, en la región de Guárico los pacientes denuncian que apenas 6 de 21 máquinas operan y la falta de mantenimiento ya provocó muertes por atención insuficiente.
El Hospital J. M. de los Ríos, principal centro nacional pediátrico, reduce máquinas activas y deja morir a decenas de niños por falta de tratamientos y trasplantes que permanecen congelados desde 2017, sumando muertos año tras año.
¿Qué viene si no hay cambio urgente?
Miles seguirán muriendo por decisiones políticas equivocadas que privilegian discursos por sobre realidades. La diálisis, ineficiente y costosa, se vuelve un cuello de botella económico para un Estado incapaz de gestionar soluciones prácticas: mantener pacientes vivos con diálisis cuesta al doble que con trasplantes.
La pregunta que nadie responde es clara: ¿cuándo dejará el régimen de priorizar su agenda política por encima de la salud y la vida de los venezolanos?