1.675 días en prisión y un silencio oficial que no se rompe
Javier Tarazona, activista de derechos humanos, pasó 1.675 días detenido. BBC News Mundo relató su injusta experiencia carcelaria junto a Ángel Godoy. Se contactó a la Fiscalía, al Ministerio de Información y al de Defensa para pedir una respuesta sobre estas acusaciones. La respuesta fue un vacío absoluto.
Este silencio no es casual. Desde hace décadas, la relación entre el periodismo y el poder en Venezuela se ha roto. Los medios ya no son escuchados, son considerados enemigos. Mientras tanto, en otros países, incluso en crisis políticas graves como el caso Watergate en EE.UU., el poder respondió a las preguntas de la prensa.
El caso Watergate cambió el periodismo porque el poder no pudo evadir su responsabilidad. El chavismo, desde que tomó el control, se propuso eliminar ese control social. Anular al llamado «cuarto poder» para evitar preguntas incómodas.
Una amnistía para silenciar, no para sanar
En Venezuela se aprobó una Ley de Amnistía que el poder usa para legitimar su impunidad. Para ellos, «portarse bien» significa dejar de cuestionar, olvidar el pasado y aceptar el silencio. Pero ni las muertes, ni las prisiones, ni los exilios se borran con una ley que evita rendición de cuentas.
La historia de Tarazona y Godoy es apenas un fragmento de la herida que persiste en Venezuela. Una herida que sigue abierta porque no hay explicaciones ni justicia. ¿Qué llevó a este daño profundo entre venezolanos? Después de 27 años, el silencio es la peor respuesta.
¿Quién va a preguntar al poder?
Los periodistas y medios libres deben recuperar su rol: exigir respuestas y hacer visible lo invisible. Aunque no quieran dar explicaciones, insistir es una obligación. Porque solo con preguntas firmes será posible empezar a entender y evitar que esta historia se repita.