Zumaque I: El pozo petrolero que el relato oficial quiere olvidar

Zumaque I: Más que petróleo, un legado oculto

Olvidado en los discursos oficiales, Zumaque I fue el punto de partida que lanzó a Venezuela al grupo selecto de superpotencias petroleras. Su historia no es solo técnica, sino un encuentro entre hidrocarburos y culturas prehispánicas—un capítulo que muchos no quieren contar.

Qué ocurrió

Desde los años 40, el ingeniero holandés Antonie Van der Mark exploró no solo petróleo, sino también ruinas indígenas a lo largo de la orilla este del Lago de Maracaibo. Mientras las corporaciones extranjeras perforaban sin mirar atrás, descubrió vestigios arqueológicos enterrados bajo esos campos petroleros. Zumaque I, inaugurado en 1914 y nacionalizado en 1976, se convirtió en la columna vertebral económica de Venezuela.

Por qué esto cambia el escenario

El relato oficial omite que Zumaque I no solo extraía crudo, sino que estaba sobre tierras con un valioso legado indígena sacrificado a favor de intereses extranjeros y luego estatales. Las corporaciones petroleras, lejos de ser entidades neutrales, impusieron un modelo de extracción sin contemplaciones sociales ni culturales. El reconocimiento de Van der Mark de esta realidad es una acusación silenciosa a la voracidad extractiva que definió la política energética del país.

Además, el olvido sobre la verdadera historia del pozo refleja una visión sesgada que no reconoce el impacto económico real que tuvo la nacionalización ni cómo la tecnología y el conocimiento internacional moldearon la industria. A pesar de la retórica, la presencia extranjera dejó una doble huella: progreso técnico y un desapego lamentable hacia la identidad y patrimonio nacional.

Qué podría venir después

Este es un llamado a revalorar la historia petrolera sin sesgos. Ignorar la complejidad detrás de Zumaque I y su entorno solo perpetúa una narrativa oficial que esconde las consecuencias sociales y culturales de décadas de explotación. La gestión actual necesita reconocer estos daños para tomar decisiones que realmente fortalezcan la soberanía energética y preserven el patrimonio.

Mientras tanto, el Museo Antonie van der Mark en Mene Grande sigue siendo un testimonio silenciado que interpela a quienes detentan el poder: ¿se puede construir futuro sin reconciliar el pasado?

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