Violencia estatal bloquea marcha en Caracas: ¿Qué oculta el poder?

Represión contra manifestantes en Caracas: una práctica sistemática

Este jueves, trabajadores y estudiantes tomaron las calles de Caracas exigiendo salarios dignos y mejores condiciones. La respuesta oficial fue inmediata: un despliegue policial bloqueó la marcha hacia Miraflores, desatando un episodio de violencia y tensión en el centro de la capital.

El exgobernador César Pérez Vivas calificó esta acción como un «episodio de barbarie» y señaló que no se trata de un hecho aislado, sino de un patrón repetido de violencia por parte de las fuerzas de seguridad. Esta conducta refleja el «ADN de la barbarie del socialismo del siglo XXI» y la continuidad de una estrategia represiva que desconoce los derechos fundamentales.

El control excluyente del espacio público

Para Pérez Vivas, el modelo político vigente ha convertido el espacio público en terreno exclusivo para quienes están en el poder, usando a la policía como un instrumento de represión contra quienes exigen justicia social. Esta lógica está avalada y dirigida por figuras clave del oficialismo, quienes responden con violencia aun contra adultos mayores que participan en las protestas.

¿Cuál es el verdadero costo para la nación?

Más allá del costo inmediato en derechos y libertades, esta escalada represiva limita cualquier posibilidad de diálogo o transición pacífica. La protesta social en aumento refleja la crisis económica y política que el régimen parece empeñado en agravar.

El mensaje de Pérez Vivas a la comunidad internacional es claro: ni el gobierno interino ni el oficialismo están dando garantías reales de estabilidad o recuperación económica. La situación se torna cada vez más volátil, y el control mediante la fuerza solo profundiza el desgaste institucional.

Lo que viene

  • Persistencia de protestas sociales por demandas económicas insatisfechas.
  • Mantenimiento y posible incremento de la represión selectiva contra manifestantes pacíficos.
  • Mayor aislamiento político y cuestionamiento internacional ante la falta de garantías democráticas.

La maniobra para desviar la movilización hacia la avenida Bolívar y las denuncias de agresiones físicas son señales claras: el poder está dispuesto a usar la violencia para mantener su hegemonía, a costa de la estabilidad y la seguridad ciudadana.

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