¿Por qué las grandes petroleras dudan en apostar por Venezuela tras la apertura de Trump?
El gobierno estadounidense anunció con bombos y platillos la apertura de Venezuela al capital privado luego de la captura de Maduro. Pero en Houston, en el foro petrolero Ceraweek, la reacción de los gigantes del sector fue más fría que esperada.
Chevron, Shell y ExxonMobil admiten que la infraestructura está en ruinas y que la legislación sigue siendo un laberinto, un obstáculo gigante para recuperar esos 3 millones de barriles diarios que Venezuela producía hace dos décadas.
La razón no es desconocida: años de desinversión, sanciones y una estatal que ahuyentó al capital extranjero dejaron un país con el potencial intacto, pero sin vías prácticas para materializarlo.
Los ejecutivos hablan claro: se necesitan decenas de miles de millones de dólares y tiempo para recomponer una industria petrolera que no solo perdió capacidad, sino talento humano valioso que emigró ante la crisis.
¿Qué rompe este escenario?
- La ley chavista de hidrocarburos ahora permite mayor entrada al capital privado, algo inédito, pero genera dudas sobre controles y derechos.
- Mientras el gobierno sombra y ciertos grupos cierran acuerdos con chinos y rusos, las petroleras occidentales evalúan si realmente les conviene volver.
- El reingreso de expertos venezolanos es una esperanza, pero insuficiente frente al desafío económico y logístico.
La oposición, encabezada por María Corina Machado, promete una apertura total con un Estado regulador, no operador, y proyecta subir a 5 millones la producción diaria con una inversión colosal de 150.000 millones de dólares.
¿El próximo paso? Mantenerse atentos a si la apertura es más que un anuncio político y cuánto capital está dispuesto a arriesgar el sector privado.
Porque la gran pregunta es: ¿será Venezuela un negocio rentable o quedará limitada a un conflicto geopolítico y burocrático donde ganan quienes ya controlan el país?