Venezuela: ¿Puede la Constitución salvarnos del desastre?
Venezuela no volverá a la democracia con solo votar
El país está desarmado institucionalmente. No basta con abrir urnas tras años de arbitrariedad y miedo impuestos desde el poder. Venezuela parece un «gulag» caribeño cuyo sistema legal y político se evaporó. Esto no es una crisis pasajera.
La nación está fracturada y desintegrada
Después de dos siglos de desgobierno y dos dictaduras brutales, la nación venezolana se ha diluido. La histórica diáspora domina al país. Ni la democracia ni las urnas por sí solas pueden recomponer una comunidad política que ha perdido sus reglas y su rumbo.
La crisis de Venezuela no es solo política. Es un quiebre profundo entre nación y república. Sin restablecer esa conexión, será imposible reconstruir el país.
La democracia exige algo más que elecciones
En América Latina, el exceso de votaciones no significa más libertad. De hecho, en Venezuela, pese a múltiples procesos electorales, la gente ha perdido espacios reales de libertad. La democracia no es solo un trámite electoral ni contar votos confiables.
Como apunta María Corina Machado, la libertad debe basado en la dignidad humana, con un mercado libre de ideas y limitación clara del poder estatal. Requiere que la gente renuncie a un cómodo estado de minoría para actuar como ciudadanos conscientes y protagonistas.
El lastre de 1999 y la Constitución que encierra el poder
La Constitución vigente no representa ni a la mayoría ni a la nación. Fue redactada por un grupo revolucionario con mayoría parlamentaria fabricada y ratificada con baja participación. Desde ahí se impuso un Estado totalitario, con el poder militarizado y centralizado en pocas manos.
Los derechos humanos se convirtieron en concesiones estatales, no garantías. Los poderes del Estado se subordinan a la doctrina bolivariana, diseñada para perpetuar el poder, no para proteger la libertad.
¿Qué viene después?
La verdadera «reconstitucionalización» de Venezuela implica algo radical: reconstruir la nación como base para una república sólida. Eso pasa por recuperar la dignidad como eje, crear liderazgo nuevo, y empoderar a las futuras generaciones desde la educación.
Se necesitará superar el tutelaje político de casi dos siglos y diseñar un marco legal que sirva a la libertad y no a la opresión. Solo así Venezuela podrá salir del oscuro ciclo de la postración política y social.
La experiencia internacional muestra que tras tragedias profundas se puede construir constituciones y Estados que respeten a la gente, no que la sometan. ¿Puede Venezuela dar ese salto? Hasta ahora, esa respuesta sigue sin darse a conocer.