Venezuela: ¿Puede el Chavismo durar para siempre?

El poder no es para siempre, ni en Venezuela ni en ninguna parte

La frase es clara: en política nadie es eterno. El poder cambia, se desgasta y se renueva. Pero en Venezuela esta verdad tiene un impacto que pocos quieren admitir.

El hundimiento del chavismo como movimiento de masas

Desde 1999, el chavismo marcó un antes y un después en la historia política venezolana. Se apoyó en la distribución de recursos petroleros para sostener un modelo rentista que nunca construyó una economía productiva. Con la muerte de Chávez, su influencia social disminuyó de forma dramática.

  • La gestión de Maduro vació los espacios políticos y sociales conquistados.
  • Los programas oficiales que apuntalaban a las clases populares están en declive desde 2013.
  • La oposición sigue sin encontrar canales reales de negociación, mientras la economía y la crisis social se ahondan.

Consecuencias que no se pueden ignorar

El chavismo desmontó las bases democráticas y dilapidó recursos naturales para mantenerse en el poder. Sin incentivos para negociar, el régimen prefiere la confrontación que ceda su hegemonía, aun cuando la crisis empeore.

Esto no es solo una crisis política: es el colapso de un modelo dependiente del petróleo sin rumbo alternativo, con consecuencias directas en la seguridad, la legalidad y el bienestar de millones.

¿Qué viene después?

El desafío post-chavismo es enorme. Para que Venezuela salga de esta crisis extendida, será imprescindible desmontar el modelo rentista y establecer un camino político que reduzca la violencia, priorice la convivencia y construya músculo institucional. La alternancia, esa clave de toda democracia sana, debe volver para evitar que la decadencia se perpetúe.

En política, nada es para siempre. Y menos un régimen que se sostiene a costa de dividir y empobrecer a su propia gente.

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