Negar la tortura ya no basta
El discurso oficial en Venezuela insiste: no hay presos políticos ni tortura en prisiones como El Helicoide. Pero miles de testimonios de víctimas, ONG y la Corte Penal Internacional revelan otra realidad.
¿Cómo cambia esto el escenario?
El gobierno intenta mostrar excarcelaciones como liberaciones, pero impone prohibiciones de salida, comparecencias forzadas y silencios obligados. Los presos políticos son condicionados a aceptar culpabilidad bajo trato cruel y degradante.
Dos años encarcelada, Dignora Hernández describe un infierno cotidiano: negación de agua, ausencia de luz natural, expedientes ocultos y falta de abogados confiables. El propio régimen ofrece reformas cosméticas, como convertir el Helicoide en un centro comercial, ignorando la crisis humanitaria.
¿Qué viene después?
El postergado proyecto de ley de amnistía y un posible indulto general son clave. Pero sin la verdad como base, estas medidas serán trampas que perpetuarán la injusticia y corrupción. ¿Puede haber reconciliación sin reconocimiento real del daño? La historia reciente en Venezuela muestra que el silencio solo alienta la repetición.
Lo que el régimen oculta ya no puede ser tapado.