Venezuela: La verdad silenciada sobre la dignidad militar

¿Y si la verdadera historia de la Fuerza Armada venezolana no se hubiera contado?

En sus más de dos siglos de independencia, la conducta responsable del poder militar venezolano es tan escasa como ejemplar. Durante cuatro décadas, las Fuerzas Armadas Nacionales —Ejército, Armada, Aviación y Guardia Nacional— ejercieron un rol clave en la defensa del orden democrático, siempre bajo estricta legalidad.

El 23 de enero de 1958, la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez cayó no solo por la presión social, sino por el fraude comprobado de la cúpula militar para desconocer un plebiscito. Un hombre clave fue el almirante Wolfgang Larrazábal, jefe de la Marina y pieza vinculada a la oposición clandestina. Tras la dictadura, lideró la Junta de Gobierno provisional que marcó la transición hacia la democracia, una tarea que exigió respaldo militar frente a una década de represión y terrorismo de Estado que nadie quiere recordar.

¿Por qué esto cambia el escenario actual?

Porque mientras sectores políticos intentan blanquear décadas de criminalidad militar con amnistías dudosas, la historia real de la Fuerza Armada habla de integridad y resistencia a golpes de Estado. Larrazábal, alguien imposible de encasillar en el discurso oficial, encarnó un modelo de ejército respetuoso de la ley y la Constitución.

Esta realidad queda reflejada en «Latitud 27» (EE.UU., 2025), obra del capitán de navío Bernardo Jurado, exiliado y voz autorizada que revela cómo la Marina seleccionaba rigurosamente a jóvenes para formarlos en países libres, promoviendo así un cuerpo armado técnico y disciplinado.

¿Qué viene después?

La Venezuela pos 3 de enero no puede permitirse otra Fuerza Armada corrupta ni politizada. El país demanda un ejército limpio, formado en educación cívica, con sentido firme de responsabilidad y respeto irrestricto a la Constitución.

La experiencia reciente muestra que la base de cuadros medios ha sido castigada y amenazada por demasiado tiempo. Esto se traduce en una oportunidad histórica para una reforma profunda que acompañe la necesaria transición política y económica. Solo una fuerza militar honorable podrá sostener una Venezuela rescatada y progresiva, libre del secuestro ideológico y el sometimiento institucional que arrastramos.

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