Venezuela: La ventana que el poder quiere cerrar antes de perder el control
¿Por qué Venezuela no cambia aunque todo esté al borde?
En las calles de Caracas, la realidad de Doña Petra es simple: ¿hay comida para sus hijos o no? Ni las sanciones ni los discursos internacionales importan si el bolsillo sigue vacío. Este es el verdadero termómetro que el régimen de Miraflores cuida con celo.
El poder juega con cuatro piezas clave
Para entender por qué el régimen parece firme pese a la crisis, hay que mirar al bloque de poder: lo político, militar, económico y el apoyo popular. Dos patas, político y militar, están blindadas. La popularidad se mueve, pero 15% del chavismo duro sigue sin despegarse y puede llegar hasta un 30% condicionado por la situación económica.
¿Qué significa esto? Que mientras la economía dé señales de alivio, por mínimas que sean, el control sigue intacto porque la gente prefiere la estabilidad del plato de comida antes que un cambio incierto.
El espejismo de “Venezuela se arregló”
En 2022 vimos un fenómeno inquietante: sin reformas reales, la percepción del régimen mejoró. ¿Cómo? El simple decreto de que “todo va mejor” desactivó la urgencia del cambio en muchos hogares. No es apoyo ciego, es supervivencia.
El régimen entiende esto y busca capitalizarlo: si logra convencer que ellos garantizan la estabilidad, reconectan con ese 15% y ganan más espacio electoral sin reformas sustanciales.
La memoria democrática, la ventaja que no se debe perder
Venezuela no es Cuba. Aquí la democracia está presente en historias familiares, en vivencias que no se olvidan. Ese recuerdo sigue siendo un activo para quienes quieren un cambio real, no un autoritarismo reciclado.
Pero la transición no será automática ni sencilla. La oposición debe convencer a quienes esperan agua y luz, no solo a las élites internacionales. La confianza es la moneda que falta.
Washington y la oposición: una ecuación pendiente
El escenario político de EEUU añade complejidad. Sin un apoyo claro y sin una oposición que controle las fuerzas armadas y la economía, la ventana de cambio puede cerrarse de nuevo.
La oposición debe dejar de ser solo “los otros”. Tiene que demostrar que puede manejar el poder y que no caerá en autoritarismos peores.
La fecha límite es ahora
La ventana para una verdadera transición está abierta, pero con aire difícil. Venezuela está atrapada entre la fatiga de un régimen que se resiste y la esperanza de un país con hambre y memoria. La pregunta clave es quién convencerá primero al venezolano común: ¿el que ofrece estabilidad precaria o el cambio verdadero?