Venezuela: La mentira de la ‘estabilidad’ de Marco Rubio expuesta
¿Se puede estabilizar Venezuela sin democracia? La respuesta está en la crisis vigente.
El 3 de enero de 2024 marcó un supuesto cambio en Venezuela: la caída de Nicolás Maduro y Cilia Flores, bajo influencia militar estadounidense, según voceros en Washington. Sin embargo, esta «estabilidad» es una ilusión con graves consecuencias.
Marco Rubio propuso un camino que pone la democracia al final: primero estabilidad, después recuperación y recién al final, democracia. Esta fórmula no es nueva: Estados Unidos ha aplicado esa receta en América Latina durante décadas, apoyando regímenes autoritarios para controlar territorios y evitar «inestabilidad». Pero en Venezuela esto solo significa consolidar un régimen ilegítimo, con los mismos actores devastadores de la economía y la sociedad al mando.
La realidad es que «la democracia al final» funciona como un aplazamiento indefinido, que en la práctica legitima la opresión y la exclusión política, bajo pretextos de seguridad y orden. La soberanía venezolana está condicionada y la «estabilidad» es funcional, no legítima. Las reformas siguen siendo reversibles y las élites se mantienen adaptadas al poder subordinado.
¿Qué ocurre con la oposición y los liderazgos reales?
Está claro que figuras históricas de la oposición democrática, como María Corina Machado, quedan fuera del juego de Rubio y Washington porque representan un desafío auténtico. Prefieren interlocutores dóciles, como Delcy Rodríguez, para mantener el statu quo.
Convocar elecciones libres, cumplir con la institucionalidad legítima y permitir alternancia política son únicos caminos para romper con esta farsa. Sin eso, cualquier «recuperación económica» esconde la continuación de la devastación y la dependencia.
¿Qué nos deja este escenario?
- El plan de Estados Unidos posterga democracia y utiliza la «estabilidad» como justificación para sostener regímenes controlados.
- El tejido social y económico de Venezuela sigue destruido y sin garantías reales para la inversión o el retorno incluso de migrantes.
- La oposición tradicional está fracturada y debilitada por la falta de cambios profundos y por la exclusión de voces legítimas.
- La verdadera democracia solo llegará con elecciones libres; cualquier otro camino es mera fachada.
¿Qué viene ahora?
La clave está en presionar para que los actores internacionales y locales entiendan que la estabilidad sin democracia es un callejón sin salida. Maduro y su grupo no se irán con una firma ni con decretos reversibles. Revertir esta situación requiere coherencia, movilización y un enfoque decidido en la legitimidad política. La paciencia ha sido usada para perpetuar un régimen que destruye Venezuela desde adentro.
¿Cuánto tiempo más aceptará la comunidad internacional este engaño estratégico que solo prolonga la crisis, la emigración masiva y la ausencia de futuro para Venezuela?