Venezuela: EE.UU. controla el petróleo mientras perdemos el futuro

El ingreso petrolero venezolano ya no es nuestro

La guerra en Medio Oriente dispara el precio del petróleo y con ello los ingresos venezolanos. Pero este ciclo de abundancia nunca ha sido bien gestionado. Al contrario: Venezuela repite el mismo error histórico, gastando a manos llenas cuando hay dinero, y sufriendo escasez e inflación cuando el precio cae.

¿Quién controla realmente los ingresos?

Desde la Orden Ejecutiva 14373, firmada por Trump, los ingresos por la venta de petróleo venezolano no llegan al gobierno sino a cuentas gestionadas por el Departamento del Tesoro de EE.UU. Se alega que es para proteger el dinero de demandas internacionales, pero en la práctica ese control limita nuestra autonomía financiera y permite a Estados Unidos decidir cómo se utiliza esa renta estratégica.

Así, EE.UU. usa esta tutela para financiar sus exportaciones y recuperar terreno perdido en Venezuela, mientras nuestra economía sufre bajo restricciones externas disfrazadas de ayuda.

¿Y la solución? Un Fondo Soberano al estilo Noruega

Noruega dejó atrás la trampa del rentismo y creó un fondo petrolero que crece con inversiones y protege a su sociedad contra la volatilidad del petróleo. Venezuela, con recursos iguales o mayores, podría hacer lo mismo, pero hoy está atada a un sistema dependiente y fallido.

Un verdadero Fondo Soberano venezolano debería:

  • Destinar parte del ingreso a mejorar y expandir nuestra industria petrolera.
  • Invertir en activos seguros para hacer crecer el capital y generar rendimientos.
  • Permitir que sólo un porcentaje controlado de esas ganancias financie el presupuesto nacional.

Esto rompería el ciclo de gasto clientelar que ha hundido al país en la pobreza y el control autoritario.

Qué significa esto para Venezuela

Sin un cambio estructural en la gestión del ingreso petrolero, Venezuela seguirá a merced de intereses externos y ciclos de crisis internas. Transformar las Cuentas Tuteladas en un Fondo Soberano es la única forma real de recuperar soberanía, responsabilidad fiscal y proteger el futuro económico del país.

La pregunta es clara: ¿Podemos superar las agendas políticas que nos mantienen subordinados y construir un nuevo acuerdo nacional en torno al petróleo, o seguiremos condenados a repetir un ciclo sin fin?

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