Venezuela denuncia dos décadas de agresiones y secuestro de Maduro en la ONU
Venezuela bajo ataque: más de 20 años de agresiones sistemáticas
El canciller venezolano Yván Gil acusó en la ONU a potencias hegemónicas occidentales de mantener una estrategia constante para desestabilizar la estabilidad constitucional del país y forzar un cambio de régimen.
Un patrón de agresión con consecuencias graves
Gil denunció que las sanciones económicas no solo afectan a la economía nacional, sino que persiguen un objetivo político claro: doblegar la soberanía del pueblo venezolano. Esta presión es parte de una maniobra coordinada, con actores locales e internacionales, que busca generar caos y debilitamiento regional.
Escalada militar y secuestro oficial
La agresión alcanzó un nuevo nivel el 3 de enero de 2026, cuando bombardeos selectivos dejaron más de 100 muertos y daños a infraestructuras civiles, incluyendo el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. El golpe culminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la primera combatiente Cilia Flores. Venezuela exige su regreso inmediato y seguro, llamando la atención sobre el quebrantamiento de la legalidad internacional.
Alarma ante la carrera armamentista nuclear
En Ginebra, el canciller Gil reclamó la eliminación total de armas nucleares y calificó la proliferación como una amenaza directa a la vida humana. Advirtió que la carrera armamentista actual, impulsada por lo que describió como formas sofisticadas de colonialismo, agrava el riesgo de un conflicto catastrófico sin vencedores.
Gil instó a los países a comprometerse con tratados de no proliferación y a avanzar hacia un sistema de seguridad basado en la cooperación y el respeto al derecho internacional. Subrayó que mientras el gasto militar crezca, los recursos esenciales para el desarrollo y el bienestar seguirán siendo desviados, perpetuando la inestabilidad global.
¿Qué viene después?
La denuncia venezolana abre la puerta a un debate incómodo. ¿Se mantendrá la comunidad internacional alineada con una agenda que profundiza la crisis? ¿O se impondrá una estrategia de diálogo real que respete la soberanía y reponga la estabilidad regional? La clave estará en quién controla el relato y las acciones que siguen tras esta alerta.