Un régimen criminal se autoimpone una transición… ¿y quién controla esto?
Un juego inesperado: el régimen se autoimpone la transición
En 1992, el país cruzó un umbral oscuro: un acuerdo entre un reducido grupo militar y una élite resentida dio inicio a un ciclo de destrucción institucional que dura más de 27 años. Desde entonces, la República ha sido desmantelada bajo una dictadura autoritaria y corrupta, empeñada en imponer su control con mano de hierro.
Lo que ocurrió después cambió el escenario: tras la presión internacional y la ayuda externa para sacar del poder al régimen narcotraficante, el propio régimen —inepto para defenderse militarmente— se comprometió a desmontarse. Se abrió así un proceso inédito en el que el verdugo se vuelve gestor obligado de una transición que, paradójicamente, sigue bajo el control de quienes arruinaron el país.
¿Dónde están las libertades prometidas?
El acuerdo fue claro: libertad plena para todos los presos políticos, incluyendo a militares. Sin embargo, aún quedan cerca de 700 encarcelados injustamente. El autodenominado parlamento ilegítimo bloquea soluciones reales con leyes confusas que empujan la demora y permiten al régimen mantener rehenes y la censura.
Mientras tanto, las viejas prácticas autoritarias persisten. Los derechos fundamentales siguen amordazados. La libertad real no es negociable y no puede convertirse en otro eufemismo para encierro y miedo.
¿Cuál es la verdad que no nos cuentan?
La juventud rechaza esta supuesta transición. No se ha ganado su confianza ni su compromiso. Al contrario: salen a las calles a exigir el fin del régimen, sin concesiones ni blanqueos. La élite gobernante intenta borrar la memoria histórica y silenciar a quienes lucharon por libertad y justicia.
La estabilidad no llegará con los mismos actores que destruyeron la nación y sus instituciones. Sin olvidar que una figura sin legitimidad popular amenaza a la líder moral de la oposición con cárcel por venir al país, un signo claro del estado real de la justicia y la democracia.
Lo que viene no puede ser maquillaje
La justicia corrupta que permitió las prisiones políticas no está en condiciones de garantizar libertad y derechos. La transición debe basarse en verdad y transparencia, no en pactos que perpetúan la dominación. Quedarse callado o aceptar una democracia simulada solo prolongará el sufrimiento.
Libertad plena para los presos políticos y respeto a los derechos fundamentales ya. No hay otra salida.