Trump anuncia la salida de Estados Unidos de la OTAN. ¿Puede hacerlo?
Donald Trump vuelve a sacudir la política exterior: esta vez con una amenaza clara y directa, salir de la OTAN, la alianza militar que ha definido la estrategia estadounidense desde la posguerra.
¿Qué cambió para que Trump endurezca su postura?
Acusa a la OTAN de ser un «tigre de papel» que obliga a Estados Unidos a cargar con los costos de la defensa de sus aliados, mientras que sus socios no asumen responsabilidades reales, particularmente en el conflicto con Irán y el control del estrecho de Ormuz.
¿Puede realmente abandonar la alianza?
- El Tratado de la OTAN contempla la salida voluntaria de sus miembros, pero solo un año después de notificarlo oficialmente al Gobierno estadounidense, y tras 20 años de vigencia.
- Por ley federal vigente desde 2023, el presidente no puede retirar a Estados Unidos sin la autorización explícita del Congreso, ya sea por ley o por mayoría de dos tercios en el Senado.
- Hoy, esa autorización es improbable ante la división partidaria en el Congreso.
- En caso de intento unilateral, el Tribunal Supremo definiría si el presidente tiene competencia para actuar solo.
¿Por qué no es solo una cuestión jurídica?
Desde 2025, Trump ha salido del Acuerdo de París, la OMS y otras organizaciones. Pero la OTAN es diferente: implica una alianza militar crucial con bases en Europa, control de rutas estratégicas y presencia global para mantener la hegemonía estadounidense frente a China y Rusia.
Salir de la OTAN significaría un aislamiento estratégico, perder acceso a 35 bases clave y disparar el gasto militar nacional, justamente en un contexto de competencia global y tensiones internacionales.
¿Qué pierde la OTAN sin EE.UU.?
Más del 70% de su presupuesto operativo y una merma letal en capacidad militar. La alianza podría seguir existiendo, pero sin Estados Unidos pierde su columna vertebral y fuerza disuasoria, dejando un vacío que podría aprovechar Rusia o China.
¿Estamos ante una estrategia o un juego político?
La agresiva amenaza de Trump pone sobre la mesa tensiones reales en la alianza, al tiempo que muestra las limitaciones institucionales para un cambio radical sin consenso.
La gran pregunta es: ¿quién termina pagando el precio real? Sin duda, la seguridad y el liderazgo mundial de Estados Unidos están en juego.