Trump fracasa en Irán mientras Netanyahu fortalece su posición

Trump pierde en Irán, Netanyahu gana en Oriente Medio

Donald Trump no consiguió ninguno de los objetivos de su llamada «excursión» a Irán. El dispositivo militar iraní está dañado, pero la capacidad de Teherán para agredir a sus vecinos sigue intacta, igual que su programa nuclear y sus misiles. El cambio de régimen teocrático es una utopía; la dictadura se fortalece mientras Estados Unidos se atasca en un conflicto sin salida.

¿Por qué importa?

Esta derrota estadounidense desnuda un error estratégico básico: ignorar siglos de historia, una cultura milenaria y una religión nacional que sostiene la resistencia iraní. El conflicto chií-suní, que Trump no previó, se intensifica, con más violencia regional.

Estados Unidos sigue sin entender que no todos los países comparten su visión ni sus valores. El ejército estadounidense, convencido de una misión evangelizadora, subestimó un enemigo que no piensa ni actúa como ellos. El resultado: impulso político nulo y una guerra perdida.

Mientras tanto, Israel afianza su posición

En contraste, el gobierno de Benjamin Netanyahu logró avanzar en un objetivo largamente buscado: crear zonas de amortiguamiento sólidas en el norte y sur de Israel. Gaza está prácticamente destruida, el sur del Líbano ha quedado anexionado en la práctica y Hizbolá fue marginado. Los aliados árabes suníes emergen como socios estratégicos contra Irán, reconociendo a Israel como garante real de seguridad, pese a la inestabilidad estadounidense.

Israel se ha convertido en una fortaleza respaldada por tecnología superior y conocimiento del terreno. Netanyahu redefine la geopolítica regional mientras Trump acumula fracasos.

Pero la mayor amenaza está en casa

El verdadero conflicto israelí es interno. La fractura entre la sociedad laica y el creciente sector ultraortodoxo, que reclama territorios con base en promesas religiosas ignorando la realidad geopolítica, expone una crisis que no tiene solución cercana.

Esta división pone en jaque el futuro de Israel más que cualquier ataque externo. Los palestinos siguen siendo rehenes de esta batalla entre judíos.

¿Qué sigue?

Estados Unidos necesita un cambio urgente de estrategia o tendrá que tomar el consejo de Kissinger: proclamar la derrota y retirarse antes de que el conflicto se profundice. Israel, por su parte, aunque gana terreno exterior, debe resolver su crisis interna para no perderlo todo.

Este desenlace muestra que quien conoce el terreno y la historia se impone; quien ignora esta realidad se estanca y pierde influencia.

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