Trump blinda el régimen chavista y excluye a Venezuela de su “transición”

Trump entrega la transición a los mismos que hundieron a Venezuela

La jugada es clara: Trump pone al mando de la “transición” a Delcy Rodríguez, pieza clave del régimen chavista que ha destrozado al país, desplazando a María Corina Machado (MCM) y dejando fuera al pueblo venezolano.

Un régimen impuesto por la fuerza y avalado desde fuera

El chavismo no cayó. Mantiene el control absoluto sobre las instituciones: Ejército, policía, tribunales y aparatos represivos. Esta estructura autoritaria, aliada a criminales y grupos irregulares, sigue intacta y ahora recibe un guiño desde Washington.

Trump no busca democracia, busca estabilidad para sus intereses, especialmente en el petróleo. Prefiere un régimen “flexible” pero en manos de quienes mantienen el monopolio de la violencia y la corrupción.

La falsa transición que excluye a quienes ganaron en las urnas

La elección del 28 de julio de 2024 fue un golpe político y cultural, con amplios sectores de la FAN apoyando a la oposición, pero el fraude impidió que el cambio llegara al Estado. MCM ha revalorizado el discurso opositor, pero sus esfuerzos son ignorados en un proceso manejado por intereses externos.

La llamada «transición» es más un “transformismo” del régimen que una ruptura real. El chavismo no sólo sobrevive; se reorganiza bajo la supervisión de Estados Unidos, postergando la democracia y ampliando su aparato represivo.

¿El futuro? Una transición eterna bajo tutela extranjera

Trump concede hasta dos años para elecciones, pero no garantiza democratización ni respeto a la institucionalidad. La “transición” podría ser un limbo controlado, mientras el régimen sostiene su poder criminal y represivo.

Marco Rubio, más preocupado por su futura candidatura en EE.UU., no representa un freno real, y su agenda puede alinearse con la estrategia de Trump para mantener el control y priorizar la recuperación de la deuda venezolana.

¿Y la sociedad civil? Marginada y dividida

La mayor parte del pueblo venezolano está excluido de estas decisiones. Las protestas y demandas por libertad y salarios dignos son una minoría visible, pero el cansancio y la indiferencia ganan terreno. Si no hay un gran estallido social, este proceso seguirá bajo la sombra del control externo y la complicidad interna.

La realidad es cruda: o estás en la mesa de poder o eres parte del menú de un régimen que, ahora más que nunca, se nutre de acuerdos internacionales para perpetuarse.

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