¿Transición o continuación? El dilema que redefine a Venezuela ahora
Un espejismo de cambio
Si Berlanga viviera hoy, su icónica «Bienvenido Mr. Marshall» no hablaría de la España de postguerra sino de Venezuela. Un país donde la esperanza renace, solo para enfrentarse al derrumbe de ilusiones: ¿estamos ante una transición real o es solo continuidad bajo un nuevo mando, esta vez tutelado por Estados Unidos?
La evocación histórica que habla del presente
En la España de 1945, millones esperaban que la victoria aliada acabara con el franquismo. Pero la realidad fue otra: las potencias aceptaron al dictador como un aliado estratégico contra la URSS. Lo mismo pasó con el Plan Marshall, que nunca tocó suelo español. La lección quedó clara: ninguna esperanza externa sustituye el esfuerzo propio.
Hoy, en Venezuela, la historia parece repetirse. Un pueblo preparado para recuperar la democracia vio llegar a fuerzas extranjeras que cumplieron su misión en minutos y desaparecieron. La incertidumbre y el desconcierto se apoderaron de la población al confirmarse que el gobierno quedaba en manos de una figura rechazada por más del 90% de los venezolanos, obedeciendo órdenes desde Washington.
¿Transición o prolongación del régimen?
No hay una transición clara. En términos políticos, esta implica un acuerdo —tácito o explícito— para transferir el poder hacia un sistema democrático, con voluntad y garantías para ambas partes. Aquí, no existe esa voluntad ni autonomía. El régimen sigue presente, mantiene su control sobre instituciones y represión, y no ha habido señales fundamentales como la convocatoria a la oposición ni un compromiso serio de devolver la democracia.
Un protector no invitado
El presidente estadounidense ha declarado abiertamente que dirige el proceso venezolano, controla la venta del petróleo y administra esos recursos. Sus declaraciones no han sido cuestionadas por el régimen local. Esto establece un protectorado unilateral, nunca visto en la historia reciente del país. Venezuela ha perdido por primera vez desde 1830 su autonomía política real.
Viejas heridas y nuevos desafíos
A diferencia de anteriores transiciones exitosas y avances hacia la democracia, el país hoy se enfrenta a una dictadura que permanece bajo tutela extranjera. Más de 1.100 presos políticos continúan encarcelados ilegalmente, la libertad de expresión está limitada y no existe un programa social autónomo.
Y lo más importante: No es suficiente que el régimen se desmorone solo con la desaparición física de sus líderes ni que la administración petrolera esté en manos foráneas. La verdadera transformación debe ser la restauración democrática, con participación popular, respeto a los derechos y el retorno de la soberanía.
¿Qué sigue para Venezuela?
El desafío es monumental. Para avanzar, es necesario desmontar la dictadura establecida ilegalmente y rechazar cualquier intento de posponer los cambios bajo la excusa de «estabilidad». La liberación de presos políticos, la recuperación de las instituciones y la recuperación del poder político legítimo son pasos ineludibles.
La pregunta que queda flotando es si Venezuela podrá romper con este protectorado y retomar las riendas de su destino. Porque, como el cineasta recordaría, ningún cambio real llegará si lo seguimos esperando de afuera.