Táchira aprovecha el carnaval para disfrazar la precariedad y la inseguridad

Táchira en fiesta, pero ¿a qué precio?

El Carnaval Internacional de la Frontera llega a su edición 57 en medio de una realidad que no se cuenta: problemas estructurales y fallas en seguridad que no desaparecen tras las comparsas.

Desde el 13 hasta el 17 de febrero, municipios como Bolívar, Jáuregui, Sucre, Ayacucho y Libertador protagonizan una agenda cargada de eventos tradicionales y culturales, respaldada por cientos de funcionarios de seguridad. La alcaldesa de Bolívar, Sandra Sánchez, despliega 550 efectivos de seguridad para su cabalgata binacional, en un intento visible por controlar una frontera delicada.

¿Por qué esto cambia el escenario?

Porque este despliegue festivo no puede ocultar las grietas en la gestión pública. La celebración, aunque cargada de color y tradición, sirve a las autoridades locales para proyectar una imagen de normalidad y unidad que maquilla problemas reales: inseguridad creciente, limitaciones institucionales y falta de desarrollo estratégico que afecta al Táchira desde hace años.

Mientras se muestra la sonrisa en desfiles y coronaciones, las estructuras políticas que sostienen estas fiestas aprovechan para fortalecer sus posiciones, sin responder a las preguntas urgentes sobre futuro económico y social.

¿Qué viene después?

La tradición seguirá, pero si no hay un cambio real en la administración y políticas públicas, la fachada festiva pronto volverá a revelar un escenario de abandono. La promoción cultural es importante, sí, pero el verdadero carnaval sería que la seguridad, la economía y las instituciones funcionen para los tachirenses más allá de unas fechas específicas.

Esta fiesta parece ser un momento para disfrazar problemas, no para resolverlos.

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