Solo 2 de cada 100 emprendimientos en Venezuela superan 3 años ¿Por qué nadie lo dice?
El colapso invisible del emprendimiento en Venezuela
En solo 12 meses, Venezuela perdió más de 1,3 millones de emprendedores. ¿El resultado? Solo 2 de cada 100 negocios fundados sobreviven a los tres años.
Qué ocurrió: la caída libre del ecosistema productivo
Así lo revela el informe GEM Venezuela 2025, presentado por la UCAB y el IESA. La tasa de actividad emprendedora temprana cayó de 11,7% a un récord mínimo de 7,7% en 2025, el nivel más bajo desde 2003.
El país pasó de 2,7 millones de ciudadanos emprendiendo en 2024 a apenas 1,4 millones en 2025. En solo dos años, el mercado expulsó a 2 millones de iniciativas productivas.
Por qué esto cambia el escenario
El fenómeno va más allá de cifras. Explica la «fatiga económica» provocada por sanciones, inflación descontrolada, asfixia fiscal y pérdida severa del poder adquisitivo.
El ecosistema está atrapado en una trampa: 78% de los emprendimientos son nacientes, con menos de tres meses y sin capacidad de pagar salarios. La mayoría muere antes incluso de arrancar.
¿La razón? Capital inicial entre $5,000 y $20,000, casi siempre de ahorros familiares o remesas, insuficiente para superar la barrera de entrada.
Qué viene después: una crisis estructural que profundiza el estancamiento
El modelo actual de emprendimiento venezolano está agotado. Sin reformas en regulaciones, impuestos, financiamiento y formación, el círculo de “reinicios” continuará.
Venezuela es penúltima en el Índice Nacional de Contexto Emprendedor mundial, solo por encima de Angola, con un mercado empresarial pequeño, fragmentado y sin capacidad de crear empleo formal.
¿El peligro real? Que el talento y las ganas de innovar se queden atrapados en la burocracia y la falta de infraestructura, condenando al país a un estancamiento productivo crónico.
El informe pide un cambio radical: políticas fiscales que eximan a pequeños negocios, acceso real a financiamiento y capacitación de calidad para transformar emprendimientos precarios en empresas sólidas y sostenibles.
Esto no es solo una mala noticia económica, es una alerta sobre la decaimiento absoluto de la actividad productiva nacional y la incapacidad institucional para revertirlo.