Sheinbaum cambia la estrategia: la presión de Trump acaba con “abrazos, no balazos”

Muerte de ‘El Mencho’: no es solo un golpe al narco, es el fin de una era

Claudia Sheinbaum confirmó lo que pocos en México quieren admitir: la estrategia de «abrazos, no balazos» terminó. La eliminación del líder del Cartel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera Cervantes, «El Mencho», fue un operativo 100% mexicano, sí, pero con una presión directa desde la Casa Blanca que cambió el escenario.

¿Por qué importa esto?

Durante años, México mantuvo una política de no confrontación directa con el crimen organizado, basada más en discursos que resultados. López Obrador impulsó un diálogo que solo sirvió para que los carteles crecieran y controlaran territorios.

Esta línea se rompió con Sheinbaum. El ascenso de Omar García Harfuch —y su historial de reducción de homicidios en Ciudad de México— marcó una nueva etapa, más agresiva y efectiva. No por convicción propia, sino ante la presión constante que Donald Trump desplegó desde EE.UU., declarando a los carteles como organizaciones terroristas y amenazando con intervenciones directas si México no hacía su parte.

La presión estadounidense como detonante

Trump no solo dio declaraciones duras. Ejecutó una estrategia contundente: insistió en deportaciones de narcotraficantes, aumento de decomisos, y permitió operaciones militares unilaterales contra narcolanchas en el Caribe y Pacífico. México respondió con macrodecomisos, extradiciones sin el proceso habitual, y acciones militares coordinadas, pero siempre con el gobierno mexicano al mando.

Este cambio ha reducido homicidios un 32% y provocado casi 36,000 detenciones por delitos graves en menos de 18 meses, según datos oficiales.

¿Qué viene ahora?

La presión de EE.UU. va a continuar; la relación bilateral será clave para la seguridad y para la economía mexicana. Sheinbaum se enfrenta al reto de mantener el equilibrio: ceder lo suficiente para controlar a los cárteles sin derramar más sangre en las calles.

La verdadera pregunta es si México podrá sostener esta línea firme y no volver a caer en una retórica que solo encubre la inacción. La era de tolerancia terminó; la de la confrontación forzada acaba de empezar.

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