El salario mínimo venezolano es una cifra simbólica sin poder real
En febrero, una familia de cinco integrantes requirió 645,6 dólares para cubrir la canasta básica alimentaria, según el último informe del Centro de Documentación y Análisis de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM).
Pero el salario mínimo oficial, congelado desde 2022 en 130 bolívares mensuales, equivale apenas a 33 centavos de dólar. Esto significa que un trabajador necesita cerca de 1.937 salarios mínimos para cubrir lo básico en alimentación.
¿Quién sostiene a las familias con ingresos tan desfasados?
El gobierno intenta compensar con bonos que suman 160 dólares al mes para trabajadores públicos, pero estos son pagados en bolívares y varían según la tasa oficial diaria, lo que genera incertidumbre y una cobertura parcial y temporal.
La diferencia entre salarios y costos se agrava con una inflación que sumó 51,9% en los primeros dos meses de 2026. Algunos precios se dispararon: salsas y mayonesa subieron 37,36% y pescados y mariscos 15,53% solo en febrero.
Impacto real: inseguridad alimentaria y presión social creciente
Más allá de los números, esta crisis golpea duro la estabilidad familiar y alimentaria. Las movilizaciones recientes de sindicatos y trabajadores reflejan un país al borde del colapso social por la incapacidad salarial y la constante erosión del poder adquisitivo.
El Estado sigue ausente o incapaz de ofrecer soluciones estructurales que detengan la inflación y ajusten los ingresos a necesidades reales. Sin cambios profundos, la demanda social y los riesgos institucionales solo crecerán.