Ramón Centeno: La persecución mata también fuera de las rejas

Un regreso marcado por el dolor y la pérdida

El 14 de enero, Ramón Centeno recuperó la libertad después de cuatro años atrapado en un infierno dentro del Comando de la Guardia Nacional Bolivariana en Las Acacias. Pero su regreso no fue solo la promesa de libertad; fue el inicio de una tragedia que aún pesa en su vida.

Lo que pasó y por qué duele más allá de las celdas

Centeno, periodista de 37 años y ex simpatizante chavista, es uno de los 19 comunicadores excarcelados recientemente. Sin embargo, esta liberación no significó el fin de la persecución. Aunque salió de la prisión, el costo fue la vida de su madre, Omaira Navas, quien falleció apenas 13 días después de poder abrazarlo de nuevo.

El cruel destino de Omaira Navas

Omaira, de 66 años, fue el soporte invisible durante la prisión de Ramón. Le dio fuerza y le inculcó valores que hoy sustentan su lucha. Pero una audiencia preliminar que nunca se celebró marcó el momento más duro. Tras esperar cinco horas sin respuestas, Omaira sufrió un derrame cerebral y murió en los brazos de su hijo.

“La persecución mata también a los familiares que están fuera de las rejas”, afirma Centeno, recordando que el martirio no termina en la celda.

Un calvario después de la entrevista

La sombra de la detención se extendió desde su labor periodística: días después de entrevistar a unos narcodiputados, Centeno fue arrestado. Pagó con su salud y movilidad: entró a prisión con muletas y salió en silla de ruedas.

Los primeros 18 meses fueron una batalla contra el dolor y la indiferencia médica; una caída forzada por un guardia empeoró una herida en su cadera, dejándolo postrado y dependiente.

Más pérdidas en el mismo enero

La tragedia no es única. Dos madres más murieron en circunstancias similares al no poder acompañar la liberación de sus hijos presas y presos políticos. Historias que revelan el verdadero costo de la persecución.

El hombre que renace entre cicatrices

Ramón no oculta sus huellas: la psicosis persecutoria y la silla de ruedas son compañeros constantes, pero su espíritu se reivindica. Dejó atrás el idealismo chavista y hoy solo anhela que este infierno jamás vuelva.

Su rescate: la escritura. Aún entre sombras, planea honrar a su madre con poemas que den voz a su lucha y a su memoria.

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