Un paso decisivo para la economía regional
La Asociación de Productores Lácteos de Bolívar (Aprolac Bolívar) acaba de iniciar un proceso clave: solicitar la Indicación Geográfica Protegida y la Denominación de Origen para el queso guayanés. No es solo un reconocimiento cultural: es la base para convertir un producto local en un referente exportador y abridor de inversión en el sur del país.
¿Por qué cambia el juego?
Bajo la dirección técnica de una experta con formación internacional, Thelvys de Rodríguez, se busca estandarizar calidad, sabor y parámetros microbiológicos, apuntando a que el queso guayanés mantenga su identidad en todos los productores. Esto significa competir con garantías en mercados gourmet, nacionales e internacionales, más allá del clásico consumo local.
Pero la estandarización es solo la mitad del desafío. Actualmente se producen 15 mil litros diarios; la meta es alcanzar 200 mil litros. Eso implica inversión real para mejorar pastos e infraestructura con financiamiento público y privado. Sin esos recursos, el proyecto podría quedarse en buenas intenciones.
Un motor económico en desarrollo
El impacto esperado va desde la generación de empleo hasta la creación de un clúster productivo completo: desde proveedores hasta servicios especializados. Aquí hay un tiro directo a reactivar sectores afectados por la crisis y abrir nuevos nichos de mercado que pocos han considerado en el sur de Venezuela.
Tradición que no puede quedarse en nostalgia
Empresas de la región ya demuestran que innovación y tradición pueden coexistir para producir quesos de alta calidad, incluyendo variedades gourmet con maduración. Esto confirma que el sur venezolano tiene potencial para dar un salto económico real, pero requiere plan, inversión y un respaldo institucional firme.
Lo que viene es una prueba de fuego: sin un compromiso claro de autoridades y sectores privados, esta oportunidad corre el riesgo de diluirse. ¿Están los interesados listos para apostar más allá del discurso? La respuesta definirá si el queso guayanés seguirá siendo un símbolo local o se convierte en la pieza clave de un desarrollo olvidado del país.