¿Por qué Venezuela debe reinstitucionalizar antes de reformar la Constitución?
El debate constitucional venezolano: se está yendo por el camino equivocado
Venezuela está a punto de abrir el debate sobre una reforma constitucional. Pero hay una trampa peligrosa: intentar cambiar la Constitución sin reinstitucionalizar su aplicación y vigencia efectiva.
¿Qué está fallando realmente?
El problema no es el texto de la Constitución. Es que las instituciones centrales —Ministerio Público, Tribunal Supremo, Poder Judicial, Banco Central y, sobre todo, el Consejo Nacional Electoral— están corroídas por el incumplimiento constante. Sin un árbitro electoral confiable, toda reforma será letra muerta.
Reinstitucionalizar: la base que nadie quiere poner primero
Restaurar la autonomía real de las instituciones es la prioridad. Recuperar espacios constitucionales ignorados, como el Consejo de Estado y el Consejo Federal de Gobierno, es clave para descomprimir tensiones y buscar acuerdos amplios en un país fragmentado. Además, la facultad presidencial para designar miembros honorarios puede ser un instrumento para incluir voces independientes y prestigiosas.
Centralización vs. autonomía: la batalla ignorada
La descentralización formal quedó en papel. La reciente recentralización fiscal y política ha despojado a estados y municipios de competencia real, contradiciendo el mandato constitucional. Sin una restitución efectiva de esa autonomía, el equilibrio territorial está roto.
La restitución del Senado: ¿un guardián del equilibrio territorial?
Eliminar el Senado en 1999 supuso perder un espacio clave para representación territorial y moderación política. En momentos de crisis y transición, como ha demostrado la historia venezolana y ejemplos regionales (Chile, Italia, Paraguay), una cámara alta fortalecida puede reducir polarización y dar voz a las regiones.
Lo que viene si no cambiamos el enfoque
Si se sigue priorizando la reforma constitucional antes de reinstitucionalizar, el país avanzará en cambios nominales que no resolverán el deterioro del Estado de Derecho ni la falta de confianza política. Sin actuar sobre las instituciones reales, cualquier nueva Constitución será papel mojado, sin impacto en la gobernabilidad ni en la seguridad jurídica.
La pregunta real para Venezuela:
¿Estamos dispuestos a restaurar antes las instituciones, o seguiremos buscando soluciones fáciles que solo profundizan la crisis?