Por qué un simple ajuste salarial no basta para reparar el daño laboral en Venezuela

Más que un aumento: un daño que sigue sin reparación

En pleno debate sobre ajustar o no los sueldos se pasa por alto algo fundamental: no es solo un tema de futuro, sino de un daño ya infligido y sin resarcir. ¿Cómo resignarse a pedir solo una canasta básica cuando el perjuicio acumulado golpea cada día a los trabajadores y sus familias?

Lo que pasó y por qué es urgente mirar atrás

Durante estos años, el trabajo en Venezuela no solo se ha devaluado en términos salariales, sino que ha quedado pisoteado en su esencia. La Constitución lo reconoce como pilar del Estado, pero la realidad fue cruel: se ignoraron leyes, acuerdos internacionales y el derecho a vivir con dignidad. La llamada «esclavitud moderna» es una realidad palpable para quienes laboran bajo condiciones precarias y sueldos que no alcanzan ni para lo básico.

El ajuste salarial: necesario, pero insuficiente

El artículo 91 de la Constitución ordena ajustar el salario mínimo según la canasta básica, pero eso no sucede desde hace años. La calidad de vida se desplomó y lo que debería ser un derecho garantizado —salario justo, descanso, vivienda, salud— sigue siendo una promesa vacía. Hoy, más que pedir un incremento, se impone reconocer y reparar el daño.

¿Cómo reparar lo ya perdido?

Reconocer el agravio implica ir más allá de incrementos periódicos; es necesario un acuerdo real y tangible que reconozca tanto la pérdida moral como económica de estos años. No se trata solo de acumular aumentos futuros sino de restituir derechos y dignidad, poco a poco, para que los trabajadores puedan recuperar lo arrebatado.

El valor del trabajo y la distorsión actual

Un ejemplo ilustrativo es el panorama en la academia: un profesor titular con décadas de experiencia gana igual que quien recién empieza. La meritocracia fue eliminada con medidas como el instructivo Onapre y plataformas que distorsionan pagos y valoraciones. Estas herramientas para el pago en la administración pública deberían desaparecer, al menos en ese contexto.

¿Qué sigue para los trabajadores venezolanos?

Avanzar es imperativo. Se necesita un ajuste salarial contundente y simultáneamente un reconocimiento formal y real del daño ya irreparable en su conjunto. Sin ello, solo se estará pintando sobre una herida abierta que sigue sangrando. Ese es el reto para el futuro laboral y social en Venezuela.

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