Por qué en Venezuela nadie quiere hablar de la verdadera crisis democrática
La crisis democrática en Venezuela ya no admite silencios
La mayoría de los venezolanos exige recuperar la legitimidad democrática sin dilaciones, pero ese clamor está desapareciendo de la discusión pública esencial.
Sin ese paso clave, cualquier intento de estabilización económica o recuperación social será frágil y limitado. No hay bases sólidas sin política legítima.
¿Dónde están las voces que deberían liderar?
El tejido social, esa red de instituciones que sostiene una sociedad, está destrozado. Sindicatos débiles, medios amordazados, partidos sin liderazgo y organizaciones sociales presionadas. El silencio en torno a la crisis democrática crece.
Faltan líderes tradicionales que mantengan la presión: la Iglesia, universidades con influencia católica, el empresariado, las grandes academias y la oposición institucional parecen ausentes o callados.
Este silencio puede deberse a presiones directas, amenazas o, simplemente, a la comodidad de no confrontar la realidad política que incomoda.
La política no es un problema de otros
Hoy no basta con aislarse en lo propio. Venezuela no avanzará si no se resuelve el problema central: la ausencia de legitimidad democrática. Algunos sectores quizás aún prefieren la estabilidad a medias. Esto tiene un costo colectivo.
Lecciones de un intento abortado
En 2022, un movimiento ciudadano surgió para usar un referéndum revocatorio como camino para la salida democrática. Ni los partidos, ni los líderes tradicionales lo respaldaron. El Consejo Nacional Electoral lo bloqueó con reglas que lo hicieron inviable. Así se apagó una esperanza real nacida de la ciudadanía.
Este caso muestra que la ausencia de movimientos ciudadanos efectivos y la inacción de los actores formales permiten que la crisis política se prolongue.
El gran desafío: no dejar que el tema desaparezca
El país necesita que ese clamor por la democracia sea una verdad pública permanente, visible y constante.
¿Podrán reaparecer nuevos partidos políticos y movimientos ciudadanos dispuestos a presionar de verdad? ¿O seguirá el silencio y la pasividad facilitando la consolidación del régimen?
Quizá sólo la persistencia constante pueda forzar a los Rodríguez y quienes sostienen el actual sistema a ceder, para evitar un derrumbe definitivo y asumir un rol histórico más digno.