Plan Mi Cancha Bonita avanza: ¿rehabilitación o control social?
¿Rehabilitación o intervención política?
El plan Mi Cancha Bonita avanza con la rehabilitación de espacios deportivos en Yaracuy y Mérida. No se trata sólo de arreglar canchas: la estrategia suma participación directa del Estado y grupos orgánicos alineados con el Ejecutivo.
Qué pasó y dónde
En Yaracuy, ocho canchas en cinco municipios recibieron mantenimiento completo: restauración de pisos, luminarias para uso nocturno y entrega de equipos deportivos. En Mérida, comenzaron a reparar 20 canchas repartidas en 10 municipios, con más de cinco ya entregadas. Todo bajo la supervisión y ejecución conjunta de la Guardia del Pueblo, organizaciones estatales y circuitos comunales.
Lo que no dicen: control y militarización urbana
La intervención de la Guardia del Pueblo y el protagonismo del llamado “Poder Popular” no es casual. La metodología busca controlar el uso de estos espacios y consolidar influencia sobre la juventud. Más que una mejora urbana, es parte de una agenda política que apropiándose de la infraestructura pública, amplía el control social y limita el espacio de autonomía comunitaria.
Consecuencias reales
- La inversión pública se convierte en herramienta para fortalecer estructuras políticas alineadas con el Ejecutivo central.
- El deporte y el esparcimiento quedan condicionados a esquemas de vigilancia y adoctrinamiento.
- La seguridad urbana se redefine con la presencia de cuerpos militares en actividades civiles, diluyendo límites institucionales.
¿Qué viene ahora?
Si esta dinámica persiste, veremos un modelo donde la rehabilitación de espacios se usa para fomentar dependencia política y control territorial. La supuesta “comunidad organizada” se convierte en operador de una agenda oficial, restringiendo la participación genuina y crítica. Es momento de cuestionar en serio quién decide y para qué se usan estas inversiones.