Petro y Trump en la Casa Blanca: distensión con las manos vacías

Petro y Trump se encontraron en la Casa Blanca tras un cruce de insultos públicos y amenazas.

El escenario parecía al borde de la ruptura. Trump llegó a llamar narcotraficante a Petro y no descartó intervención militar en Colombia. Petro acusó a EE.UU. de violar soberanía y matar inocentes. El encuentro, que duró dos horas a puerta cerrada, cambió el tono pero no las posiciones.

Un cambio de tono sin cambios de fondo

Trump dijo que fueron «cordiales» y admitió que no son «los mejores amigos». Habló de «sanciones» sin dar detalles y sólo comentó que buscan un acuerdo antidrogas. Petro alabó el diálogo, pero reconoció que ni uno ni otro cambiaron de postura.

Este distanciamiento controlado termina con una relación que había escalado en tensión tras declaraciones de Petro en Nueva York y sanciones estadounidenses contra el propio presidente colombiano.

La narrativa antidrogas que protege Petro

Petro defendió su estrategia frente a la «descertificación» de Colombia como socio antidrogas de EE.UU., señalando que Trump no ve racional aplicar más sanciones. También negó que Colombia sea responsable del consumo global y prometió perseguir a quienes realmente lideran el narcotráfico, escondidos en Dubái, Miami o Madrid, no en zonas rurales.

¿Y los resultados?

Más allá de imágenes de cordialidad y notas de elogio de Trump, el viaje dejó temas clave sin respuesta: las sanciones personales a Petro siguen vigentes, no hubo vuelta atrás en la certificación antidroga, ni acuerdo para controlar las fronteras y el narcotráfico.

Sobre Venezuela, sólo hubo palabras generales, sin pasos concretos. Nada cambió en la política estadounidense hacia la región ni en la cooperación para seguridad o energía.

¿Qué sigue para Colombia?

Petro vuelve sin acuerdos, sólo con un discurso de «hermandad humana» que por ahora no relaja las dudas sobre la real influencia de su gobierno en la alianza con EE.UU.

La oposición insiste en que esta incertidumbre puede aislar a Colombia de su principal socio estratégico, con riesgos serios para seguridad y economía.

Esta cita puso paños fríos, pero dejó abierta la pregunta: ¿cuántos más sacrificios está dispuesto a hacer Colombia para sostener una relación que, en lo práctico, apenas se mueve?

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