Padrino López justifica el 4F como un “acto de amor” y asegura: “Por ahora seguimos adelante”
¿Por qué siguen justificando una insurrección como gesto de amor?
El ministro para la Defensa, Vladimir Padrino López, volvió a poner sobre la mesa la versión oficial al calificar la insurrección militar del 4 de febrero de 1992 como un “acto de amor” y solidaridad, no solo un hecho armado. Lo dijo en el Cuartel de La Montaña, escenario simbólico donde Hugo Chávez dio su famoso discurso “por ahora”.
Lo que realmente dice Padrino López
- La acción militar de 1992 es presentada como consecuencia de la crisis social extrema y la pobreza provocada por el sistema anterior.
- Chávez es exaltado como un líder excepcional, forjado en la Fuerza Armada.
- Se sostiene que un pueblo “armado se rebeló contra el neoliberalismo y la pobreza”.
- Se usa la frase “por ahora” no como derrota, sino como promesa y continuidad política desde 1992 hasta hoy, incluso frente a amenazas externas.
Lo que esta narrativa oculta
Esta versión oficial intenta sellar una grieta histórica sin reconocer las graves consecuencias para la legalidad y la estabilidad institucional. Presentar el golpe fallido como algo noble mascara la ruptura del orden constitucional y el riesgo que se tomó al anteponer una agenda política por encima de instituciones sólidas.
El discurso ignora que el “amor” con que se justifica el 4F se tradujo en años de inseguridad jurídica, erosión democrática y dependencia política que aún condicionan al país.
¿Qué sigue?
Si se mantiene esta interpretación sin crítica, la defensa de la insurrección como un acto “humanista” allanará el camino para que futuros intentos de usar las armas o la fuerza política como “justicia social” sean aceptados. Es un mensaje peligroso para la institucionalidad y la seguridad nacional.
El verdadero debate es cómo superar esta dura herencia sin seguir repitiendo una agenda que, disfrazada de amor, perpetúa estancamiento económico y crisis estructurales.