Oración en más de 13 estados para exigir liberación de presos políticos

Un silencio que habla más fuerte que nunca

El domingo primero de febrero, cientos de personas se reunieron en iglesias católicas de más de 13 estados del país. No fue una misa cualquiera: familias, activistas y fieles levantaron sus oraciones con un objetivo común y urgente: los presos políticos venezolanos.

¿Por qué esta concentración en templos es clave ahora? Es una convocatoria nacional para visibilizar a quienes permanecen detenidos bajo la custodia estatal, en un país marcado por el silencio forzado y la incertidumbre.

Oraciones, fotos y demandas claras

En cada iglesia, los asistentes portaron fotografías y pancartas que exigían la liberación inmediata de estos presos. Atravesando la capital y regiones del interior, la voz de los ciudadanos resonó más allá de los muros sagrados. Este gesto, documentado en redes sociales, simboliza más que una protesta: es un llamado urgente de justicia y humanidad.

La Iglesia Católica alza su voz en momentos críticos

En un pronunciamiento presentado el sábado anterior, los líderes eclesiásticos pidieron medidas urgentes para encaminar al país hacia la estabilidad democrática. Entre ellas, destacan la liberación inmediata de todos los presos políticos.

Los cardenales Baltazar Porras y Diego Padrón, junto al obispo emérito Ovidio Pérez Morales, alertaron sobre una “hora crítica” para Venezuela, con un escenario de incertidumbre institucional y creciente arbitrariedad. Además, señalaron que el poder ejecutivo está en manos de Delcy Rodríguez, quien opera bajo una relación peculiar con el gobierno norteamericano.

Tres demandas urgentes

  • Libertad inmediata e integral de todos los presos políticos.
  • Fin de la hegemonía comunicacional estatal.
  • Respeto absoluto a la voluntad popular expresada recientemente.

La Iglesia enfatiza su disposición para ser un motor de reconciliación, libertad y desarrollo humanista en medio de las dificultades actuales.

El futuro tras estas jornadas

Estas jornadas de oración y el llamado firme de la Iglesia configuran una presión moral y social que no se debe ignorar. El país observa atento cómo estas demandas podrían influir en un escenario político cada vez más tenso y lleno de incertidumbre.

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