Olvidan la base: ¿Por qué ignorar la cívica abre puertas a la anarquía?

¿Cuánto sabe el ciudadano común sobre la Constitución y sus derechos?

La mayoría no conoce ni los nombres de sus ministros ni los fundamentos esenciales de nuestra Carta Magna. Tampoco tienen idea sobre los derechos y deberes básicos que rigen nuestra convivencia. Y esto no es menor.

¿Por qué importa?

Porque sin ese núcleo esencial de educación cívica, las personas no pueden formar opiniones ni actuar con responsabilidad frente al Estado y la sociedad. No quieren ni defienden lo que no conocen. Así, abrimos la puerta al desinterés, la apatía y el margen para decisiones arbitrarias.

Un vacío aprovechado para el control

La desaparición de asignaturas como Moral y Cívica, o la marginación del programa de Educación Religiosa Escolar, no solo es ausencia de contenidos académicos sino debilitamiento de la base de la libertad y la democracia.

Cuando se dice “no somos suizos” para justificar falta de orden o respeto a las leyes, se evade la realidad: el factor clave no es la geografía, sino la formación ética y el conocimiento de los mecanismos que sustentan el Estado de Derecho.

Consecuencias peligrosas

Un pueblo desarmado intelectualmente está condenado a repetir ciclos de anarquía, clientelismo y autoritarismo. Sin cívica, la libertad se convierte en juego de azar. Por eso la ética y la iluminación intelectual siguen siendo urgentes, no opciones.

¿Qué viene después?

Seguir dejando que la ignorancia cívica crezca solo fortalece a quienes usan el vacío para imponer agendas políticas arbitrarias. La recuperación de contenidos básicos en educación es el primer paso para fortalecer instituciones y ciudadanía responsable.

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