Ocumare: La procesión que no te cuentan y su mensaje oculto sobre los presos
Devoción que va más allá de la fe
En el municipio Tomás Lander, Ocumare del Tuy, una vieja tradición cobra fuerza cada Semana Santa. La procesión de Jesús Atado a la Columna cumple 85 años, pero este año con un mensaje que pocos destacan: una intercesión directa por quienes están tras las rejas.
¿Un símbolo espiritual o político?
La procesión arrancó temprano con una misa en la capilla Nuestra Señora de Guadalupe y culminó en la Basílica Coromoto. El historiador Tito Armando Pérez recuerda que esta advocación representa la flagelación de Cristo. Pero la comunidad local le añade un sentido contemporáneo: la bendición especial por «los detenidos, inocentes del delito que les imputan».
Un llamado claro que cuestiona el sistema de justicia y pone sobre la mesa las consecuencias reales que se ignoran—el drama del cautiverio mal gestionado y la inseguridad que esto genera en la sociedad.
Quién mueve la procesión
La custodia de esta imagen, resguardada desde 1941, está en manos de pocas familias, un símbolo de la resistencia cultural y social en medio de la crisis institucional. Juan Carlos Machillanda, responsable desde hace 18 años, destaca el apoyo oficial para mantener el orden público durante el acto, lo que también revela la mezcla de religión y política local.
Lo que viene
Esta manifestación no es solo un acto religioso: es un fenómeno social que pone en evidencia cómo ciertos sectores aprovechan símbolos históricos para plantear demandas que van más allá de la liturgia. La pregunta es obligada: ¿qué consecuencias tendrá que la comunidad incluya a los privados de libertad en sus oraciones públicas? ¿Podrá esta presión influir en la fuerza pública o en las políticas que inciden en la seguridad y legalidad del estado Miranda?