No es ‘Síndrome de Estocolmo’: La verdad oculta tras la crisis venezolana
No es ‘Síndrome de Estocolmo’: La verdad oculta tras la crisis venezolana
Reducción simplista, ignorancia peligrosa. No, Venezuela no sufre un ‘síndrome de Estocolmo’. Decirlo es desconocer la realidad que enfrentan sus gobernantes.
El ‘síndrome de Estocolmo’ es un fenómeno psicológico donde víctimas desarrollan afecto hacia sus captores. Pero, ¿es eso lo que está pasando con Venezuela y Estados Unidos?
Trump, recordemos, llamó “países de mierda” a naciones que considera su “patio trasero”. Incluso insultó a exmandatarios africanos. ¿Cómo entonces pensar que Venezuela, en semejante contexto, alberga un amor irracional por su agresor?
La realidad: EUA violó leyes internacionales, atacó el país, mató venezolanos y secuestró a Maduro y Cilia. Impuso una amenaza clara a quienes quedan: obedecer o morir. No es fanatismo ni sumisión; es supervivencia bajo una ofensiva brutal y sin escrúpulos.
Esta administración estadounidense no duda en usar la fuerza y la intimidación para controlar, como se ve en otros escenarios internacionales. Venezuela está frente a una amenaza directa y la opción es resistir o sucumbir.
Insistir en la idea del ‘síndrome de Estocolmo’ es ignorar consecuencias reales: la amenaza a la soberanía, el peligro para la vida de ciudadanos y la necesidad de un gobierno que busque evitar una masacre interna, aunque eso signifique difíciles acuerdos.
¿Qué viene ahora?
Venezuela vive una etapa inédita que exige decisiones estratégicas contra la presión externa. Mientras tanto, la población sigue esperando por Maduro y Cilia, víctimas directas de este juego geopolítico que ningunea el interés nacional.
Este no es un episodio psicológico; es una batalla por la supervivencia y la integridad nacional que está muy lejos de las narrativas simplistas que circulan en redes.