Neurociencia y crimen: La nueva frontera que el sistema judicial no quiere enfrentar
¿Por qué la justicia no aprovecha la neurociencia para frenar la violencia?
Rebeca Henríquez, una voz crítica dentro del sistema judicial, advierte sobre una grieta que pocos quieren discutir: la falta de protocolos claros basados en neurociencia para enfrentar delitos graves como el abuso sexual y la violencia de género.
Con dos libros en su haber, ‘Cerebro asesino’ y ‘Tras la huella del crimen’, Henríquez denuncia la ausencia de investigación científica aplicada en los tribunales venezolanos. Su próximo libro promete ser una guía exhaustiva con protocolos internacionales para cambiar esta realidad.
Lo que no te cuentan: el cerebro del delincuente en el banquillo
El trabajo de Henríquez no es teoría vacía: junto a neurocirujanos, analizó cerebros de violadores y encontró alteraciones en la corteza prefrontal —responsable del control de impulsos— que podrían explicar por qué ciertos individuos cometen delitos atroces.
Sin embargo, insiste en que esto no busca justificar la impunidad, sino establecer medidas que permitan tratar daños orgánicos reconocidos y prevenir nuevas víctimas. En un país con una violencia galopante, ignorar estas evidencias es una falla grave del sistema.
El escenario que viene: ¿justicia o caos sin control?
Si la justicia continúa sin incorporar la neurociencia, seguirá viendo solo la punta del iceberg del problema criminal. Política y tribunales deben asumir el desafío. No hacerlo significa perpetuar una crisis de violencia que ya parece normal y que todas las familias venezolanas sufren en silencio.
Esta es una agenda pendiente que impacta directamente en la seguridad, la legalidad y la protección ciudadana. La pregunta es: ¿quién está dispuesto a romper la inercia y actuar antes de que el daño sea irreversible?