México rompe esquemas: el Estado que cambió el rostro de la pobreza

Un giro inesperado en la lucha contra la pobreza

En un momento donde la economía regional se estanca y la desigualdad parece una constante, México desafía la lógica: la pobreza cae y no sólo por el crecimiento económico. ¿Cuál fue la clave? Un renovado papel del Estado que replanteó qué significa avanzar realmente en bienestar.

Lo que sucedió y por qué importa

Entre 2018 y 2024, 13.4 millones de mexicanos dejaron la pobreza atrás, incluyendo 1.7 millones que salieron de la pobreza extrema. La tasa de pobreza multidimensional, que mide algo más que ingresos –acceso a educación, salud, vivienda y alimentación–, marcó su nivel más bajo en décadas: 29.6% en 2025.

Este fenómeno no sólo impacta a México, sino a toda América Latina, que registró su cifra más baja de pobreza en años, impulsada en gran medida por la caída registrada en territorio mexicano.

El cambio que vino con un nuevo liderazgo

La llegada al poder en 2018 del primer presidente de izquierda en tiempos recientes marcó un vuelco histórico. Bajo el lema “por el bien de todos, primero los pobres”, se confrontó la vieja creencia de que sólo el crecimiento económico derrama beneficios sociales.

El gobierno de la Cuarta Transformación impulsó programas sociales inéditos, con transferencias directas a grupos diversos: adultos mayores, mujeres trabajadoras, jóvenes y más. También implementó importantes reformas laborales y elevó el salario mínimo en un 215%, el mayor aumento registrado entre países de la OCDE desde 2018.

Una estrategia con luces y sombras

Aunque cuestionada por voces críticas que hablan de dependencia y clientelismo, esta política social desmonta varias ideas preestablecidas. Por ejemplo, el aumento salarial demostró que no necesariamente genera crisis inflacionaria, y la formalización laboral dio acceso a derechos que antes eran inaccesibles para miles de trabajadores.

¿Faltan ajustes?

No todo es perfecto. Persiste el reto de una mejor focalización para llegar realmente a quienes más lo necesitan. La ausencia de sistemas sólidos de monitoreo, junto con estancamientos en la creación de empleo formal, genera dudas sobre la permanencia de estos avances.

Además, aunque la pobreza se reduce, la desigualdad sigue siendo alta y la riqueza se concentra en pocos, en un país con uno de los índices de Gini más elevados en la región.

Lo que viene y lo que está en juego

Un punto clave es que estos logros dependen en buena medida de liderazgos políticos y coyunturas específicas, no sólo de instituciones sólidas. Por eso, elevar varios programas sociales a rango constitucional busca blindar derechos sociales contra posibles retrocesos.

Pero la constitucionalización no asegura por sí misma el éxito ni la sostenibilidad. El verdadero reto es fortalecer las capacidades institucionales para preservar y profundizar estos avances.

México demuestra que la reducción de la pobreza no es un proceso automático ni un simple efecto del crecimiento económico. Es el resultado de decisiones políticas audaces e intervenciones públicas que replantean el rol del Estado en la transformación social.

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