Lo que nadie dice: así se destruyó la república en Venezuela

La caída no fue solo de un gobierno, sino de toda una república militarmente fracturada

Para 2029, casi tres décadas después del fin de la llamada república civil, sigue sin haber un análisis sereno y desapasionado que explique cómo Venezuela, otrora una democracia destacada, llegó a desintegrarse sin remedio.

Olvida la narrativa de víctimas y culpables simplistas. La realidad es que la crisis no se limita a golpes o gobiernos autoritarios: es la destrucción total de un sistema, estructurado sobre una Fuerza Armada fracturada y sin voluntad de defender la república.

Lo que jamás se cuestiona

Durante años se pasó por alto un dato clave: la Fuerza Armada, piedra angular de la república desde 1830, está rota. Desde los disturbios de 1983 y el golpe de 1992 hasta eventos recientes en 2026, su incapacidad es evidente. No puede ni tumbar gobiernos ilegítimos ni proteger la seguridad ciudadana.

Los intentos de tapar esta fractura con amnistías y acuerdos superficiales solo retrasaron el inevitable colapso. Mientras tanto, los partidos políticos ignoraron deliberadamente este cáncer en la columna vertebral del país.

¿Por qué esta realidad es un cambio de juego?

Porque el problema venezolano no empezó con Chávez ni con Maduro. La democracia local estaba condenada desde antes, estrangulada por el miedo militar y partidos en decadencia. El voto masivo en 1998 fue menos un salto hacia el futuro y más la continuación de una elección trágica, al delegar sobre un actor militar algo que la república civil nunca pudo resolver: su propia definición y defensa.

Qué viene si seguimos sin preguntar lo esencial

Mientras siga sin discutirse el papel real de los militares y sin reconstruirse la nación con base en ciudadanos libres y no en caudillos de uniforme, Venezuela seguirá atrapada. La prolongación de esta fractura solo asegura más inestabilidad y entreguismo político.

La verdadera pregunta es si estamos dispuestos a mirar estas raíces profundas y restablecer un sistema en que el equilibrio de poderes y el respeto institucional sean más que palabras vacías. María Corina Machado representa hoy el alma que podría intentar esa tarea. ¿La dejaremos avanzar o perpetuaremos el error de ignorar lo evidente?

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