Liberar presos no es justicia: la trampa detrás de la amnistía en Venezuela
Excarcelar no es reparar ni garantizar justicia
En Venezuela, la salida de presos políticos suele presentarse como una señal de cambio. Pero liberar cuerpos no significa devolver derechos ni hacer justicia real.
El daño causado por un régimen autoritario va más allá del encierro. La prisión política no solo separa familias y rompe vidas: instala miedo, normaliza la arbitrariedad y destruye dignidad.
La amnistía propuesta es un truco político
La Ley de Amnistía impulsada por Delcy Rodríguez no nace de un reconocimiento de culpa, sino de la presión externa, principalmente del gobierno de Estados Unidos. No busca justicia ni reparación para las víctimas sino proteger al poder y distraer la atención internacional.
En lugar de avanzar en verdad y rendición de cuentas, esta ley administra la libertad condicionada al silencio y la obediencia.
Sin reconocimiento ni restitución, no hay reparación
Un verdadero proceso de reparación exige:
- Reconocer el daño causado
- Justicia para los responsables
- Restitución completa de derechos civiles y políticos
- Garantías para evitar la repetición
Todo lo demás es maquillaje para legitimar un régimen que sigue siendo autoritario.
¿Qué viene después?
Mientras se siga confundiendo excarcelación con justicia, la dignidad seguirá siendo negociable y la democracia un concepto vacío. Esta estrategia política pone en riesgo cualquier posibilidad real de cambio y libera presos sin devolverles su derecho a una vida plena y libre.
No se trata de compasión ni gestos políticos, sino de verdad, justicia y garantías claras. Sin eso, cualquier amnistía es solo una cortina para mantener el control.