La amnistía venezolana: ¿verdad o simple escaparate político?
Edmundo González Urrutia, presidente electo desde el exilio, lanzó un mensaje claro y contundente después de que la Asamblea Nacional aprobara una ley de amnistía que promete liberar a cientos de presos políticos.
Para González, esta ley no puede ser simplemente un acto administrativo. “No habrá reconciliación duradera sin memoria ni responsabilidad”, afirmó. Sin verdad ni reconocimiento del daño, esta medida será un ventilador que oculta la realidad.
El escenario político cambia porque esta amnistía pretende ser el paso de una dictadura basada en el miedo a un Estado de derecho. Pero para lograrlo, el país debe comprometerse con que el poder no se ejerza sin límites y la ley esté por encima de la fuerza.
Las grietas que nadie quiere reconocer
- La ley excluye graves delitos de lesa humanidad y violaciones de derechos humanos, dejando impunes a los responsables clave.
- También evita liberar a ciertos opositores incómodos, como María Corina Machado, señalando que la amnistía no es total ni justa.
- Incluye a tribunales controlados por el régimen, con jueces que actúan bajo órdenes políticas.
Esto significa que aunque la ley dice liberar presos políticos, mantiene mecanismos para limitar la verdadera justicia y la protesta.
¿Qué viene después?
El verdadero reto será documentar y preservar la memoria histórica antes de que la narrativa oficial la borre por completo. La sociedad venezolana está en la encrucijada de decidir si acepta un proceso maquillado por la ley o exige una verdadera rendición de cuentas.
¿Podrá esta amnistía ser algo más que un paso para perpetuar la impunidad y evitar cambios reales?