Un paso acelerado hacia la llamada «amnistía» que pocos cuestionan
La Asamblea Nacional aprobó por unanimidad, sin debate profundo, el proyecto de Ley de Amnistía bajo el discurso de reconciliación y convivencia democrática. Se creó además una comisión especial para coordinar una consulta a la población. Pero, ¿qué realmente está en juego?
Un relato cargado de emotividad que oculta puntos cruciales
Lo que no se discute: consecuencias para la seguridad y legalidad
El proyecto busca cubrir hechos de violencia desde 1999, pero excluye ciertos delitos graves como homicidio intencional y tráfico de drogas, dejando un amplio margen para acabar con procesos contra otros crímenes vinculados a la política. Esto abre la puerta para la impunidad bajo el ropaje de la «paz» y la conciliación. Además, poner la “consulta” como paso clave podría ser sólo una manera de legitimar apresuradamente la medida.
¿Qué viene después?
- La implementación de esta ley podría desarticular investigaciones y procesos judiciales pendientes, afectando la justicia y el Estado de derecho.
- Podría consolidar sectores políticos que apuestan por un modelo de “perdón” que favorece alianzas más que la verdad o la reparación.
- El llamado a «no fomentar el odio» es ambiguo y puede silenciar críticas necesarias que vigilen la transparencia y límites de esta medida.
En definitiva, esta Ley de Amnistía no es sólo un intento de reconciliación: es un cambio profundo en la forma de tratar la legalidad y la seguridad, que pocos analizan bajo una perspectiva firme y crítica. La pregunta que queda en el aire: ¿quién ganará realmente con esta «convivencia democrática»?