La verdad oculta tras la casa intacta en San Pedro del Río

San Pedro del Río: un pueblo estancado en el tiempo y la política

En 2009, durante un viaje a San Cristóbal, decidí visitar San Pedro del Río, un pueblo que conocí en mi infancia y donde vivía mi tía abuela Margarita. Lo que encontré cambió mi visión y expone una realidad poco contada.

Una casa congelada en el abandono

Tras la muerte de Margarita, mi tío abuelo hizo pública una relación que dividió a la familia. Ya ambos fallecidos, quedaba solo la mujer que fue su pareja y quizá otros personajes de una historia tan densa como política. Al volver y visitar la casa que parecía la última fortaleza de una familia, observé que nada había cambiado: los mismos muebles, fotos y paredes deterioradas, pero resistiendo al paso del tiempo.

Más que nostalgia: el reflejo de una Venezuela paralizada

La casa intacta, congelada en el abandono, no es diferente a muchas instituciones y espacios bajo el chavismo: mantienen fachada, pero sin vida, sin desarrollo ni futuro. El río infantil donde nadaba ahora es un foco de contaminación que el pueblo llama «cloaca». El escenario no es otro que el del país paralizado.

¿Y ahora qué?

Mi visita a San Pedro del Río hace evidente lo que sectores políticos prefieren ocultar: el retroceso real, el deterioro tangible y la pérdida de oportunidades que experimentan las comunidades vulnerables. Esta historia familiar es una metáfora de un país donde lo que permanece es solo apariencia, pero sin sustancia.

Volver a Venezuela no será regresar a los recuerdos, sino enfrentar un escenario que demanda verdad y reconstrucción real, no discursos que evaden el fracaso. ¿Quién abrirá la puerta a ese cambio?

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