La verdad oculta detrás de la falsa transición en Venezuela

Venezuela no avanzará sin un acuerdo político real

El fracaso no está en la caída de un régimen, sino en la ausencia de un pacto nacional que sostenga una transición real. La historia venezolana lo demuestra: la estabilidad democrática que supo tener el país en 1958 se fundamentó en un acuerdo entre fuerzas políticas, militares, económicas y sociales que compartían el control de la renta petrolera.

Ese modelo, basado en la economía rentista, permitió distribuir recursos para mantener la paz social y un rudimento de democracia policlasista. Pero esa fase terminó. Para los 90, el agotamiento del modelo económico y político era evidente. La transición económica post-rentista era inevitable, y con ella, una transformación política profunda.

¿Qué pasó con el llamado cambio de 1999?

En lugar de avanzar, el modelo se reforzó en la dependencia petrolera. La promesa de un nuevo sistema político quedó trunca porque no hubo transición económica, solo concentración de poder. La consecuencia: la democracia se desmoronó y hoy Venezuela es un régimen autoritario con una economía aún más vulnerable.

¿Por qué es urgente un acuerdo nacional?

  • Una transición política no es un cambio de presidente ni de grupos: es la reconstrucción de un país a partir del consenso.
  • Intentar imponer un proyecto desde un actor o grupo perpetúa la crisis y la fragmentación.
  • Solo un acuerdo amplio entre sectores sociales organizados y partidos garantiza estabilidad, inclusión y legitimidad.

Las consecuencias de evitar el pacto

Saltar esta etapa condena a la inestabilidad institucional y al regreso del autoritarismo. Sin un pacto que funcione como puente, Venezuela seguirá atrapada en la fractura social, en el resentimiento y en un sistema político que no representa a la mayoría.

¿Qué debe incluir ese acuerdo?

Debe ser un compromiso conjunto que proteja a los vulnerables, garantice justicia sin olvidar el pasado y construya un marco institucional que todos perciban como legítimo y duradero. Eso solo se consigue con diálogo y participación de todos los actores nacionales.

La transición es un proceso delicado, donde la ausencia de consenso abre la puerta a la improvisación y el caos. La historia de Venezuela y otros países enseña que sin pacto no hay democracia viable, solo rupturas y retrocesos.

La pregunta clave no es si Venezuela cambiará, sino si será capaz de construir ese pacto que evite repetir la historia. La respuesta está en la voluntad real de los sectores nacionales para pensar en el país y no en intereses propios.

La transición no es un sueño, es un desafío complejo que reclama responsabilidad política y compromiso social. Y solo con un acuerdo auténtico podrá nacer la Venezuela que todos esperan.

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