La utopía constitucional venezolana: ¿Promesa o engaño histórico?

La mentira está en las bases: la utopía constitucional que nos vendieron

Desde 2010, el jesuita Luis Ugalde advierte un problema crucial: cuando un régimen llega al poder para «imponer la utopía», termina creando sistemas opresores disfrazados de paraíso.

¿Te suena familiar? Es exactamente lo que ha pasado en Venezuela en las últimas dos décadas.

La promesa original: felicidad y seguridad para todos

La Constitución de 1811, con ideas de Bolívar, decía claro:

  • El fin del gobierno es asegurar la felicidad común.
  • Garantiza libertad, igualdad, propiedad y seguridad.

El desafío real quedó planteado: ¿Quién debe garantizar esa felicidad? Y más importante, ¿cómo?

La trampa: el Estado como dador de felicidad

Ugalde señala un error fatal: nuestras constituciones, incluida la de 1999, colocan al Estado como el encargado absoluto de producir felicidad, como si fuese un dios terrenal.

Este enfoque ha convertido gobiernos en regímenes tiránicos que, bajo la excusa del bien común, acallan derechos y producen inseguridad.

La historia se repite con consecuencias conocidas

Desde la Revolución Francesa hasta la rusa, y en Cuba, se repite el mismo patrón. La utopía promete un paraíso que solo termina en autoritarismo y fracaso institucional.

En Venezuela, esta crisis constitucional y política es la lectura indispensable para entender por qué la supuesta «mayor suma de felicidad» es un espejismo que todavía nos cuesta caro.

¿Qué sigue si no rompemos este ciclo?

La oportunidad real está en dejar de creer que el Estado nos debe la felicidad y enfocarnos en realidades concretas: seguridad, derechos, orden institucional. Si no, el ciclo de utopías convertidas en opresión se repetirá.

Ugalde no solo nos alerta; nos ofrece la llave para entender este fracaso y, quizá, comenzar a corregirlo.

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