La transición maquillada en Venezuela: cambio para perpetuar el poder

¿Está cambiando Venezuela o solo nos venden un cambio?

La palabra clave para entender lo que pasa en Venezuela es gatopardismo: cambiar todo para que nada cambie realmente.

Este término, tomado de la novela Il Gattopardo, describe cómo las élites dominantes adoptan aparentes reformas para conservar su poder. Algo muy parecido ocurre hoy en Caracas.

Lo que ocurre ahora es un maquillaje político con fondo intacto

  • Maduro sale de escena, pero el poder queda en las mismas manos: Delcy Rodríguez toma el mando con un discurso más presentable para los poderes internacionales.
  • La estructura cívico-militar se mantiene sin afectación. Cambian figuras, no el sistema.
  • Se eliminan actores polémicos para limpiar la imagen; la red de control económico sigue intacta.
  • El régimen abre puertas a Estados Unidos y otros actores, no para perder poder, sino para negociar una nueva fachada.
  • Palabras como “amnistía”, “convivencia” y “normalización” maquillan una realidad donde la corrupción, la falta de transparencia y el control social persisten sin cambios.

¿Por qué esto cambia el escenario?

Porque estamos ante una estrategia que busca preservar el poder bajo apariencia de transición. El núcleo duro: partido-Estado, fuerza militar y aparatos de inteligencia siguen operando sin contrapesos reales. Las estructuras institucionales permanecen diseñadas para avalar al régimen, no para limitarlo.

Los cambios se reducen a rostros nuevos y discursos tecnocráticos que no comprometen la legalidad ni la competencia política auténtica. La opacidad económica permanece con nuevos intermediarios, pero el mismo control del petróleo y otros recursos estratégicos.

Lo que viene: una trampa para la oposición y la comunidad internacional

Esta reconfiguración intenta ganar tiempo y legitimar al régimen sin una ruptura real. Los gestores detrás del poder están preparando un escenario para mantener sus privilegios, evitando reformas que impliquen justicia de verdad o apertura política.

El resultado probable: un ciclo más de simulación donde la presión internacional y la oposición quedan atrapadas en un juego de apariencias.

¿Cambiar para qué? La herencia del gatopardismo

Como en Sicilia en 1860, la élite venezolana busca integrarse a un nuevo escenario global con gestos mínimos, sin asumir costos reales que provoquen una transformación política verdadera. Las reglas que sostienen el control, la impunidad y la captura estatal siguen vigentes.

En definitiva, la transición que presenta el régimen no es un cambio, sino la continuación con otro disfraz. Y eso no se nos debe pasar por alto.

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