Europa se sacude por Epstein; EE.UU. mira hacia otro lado
Los archivos del pederasta Jeffrey Epstein han provocado un terremoto político en Europa. Figuras públicas pierden cargos, títulos y reputación, aunque no haya cargos legales directos contra ellas.
En Reino Unido, Morgan McSweeney, jefe de Gabinete del líder laborista Keir Starmer, renunció tras verse involucrado en el escándalo por haber recomendado como embajador a Peter Mandelson, vinculado directamente con Epstein. Este último enfrenta una investigación policial que podría sentenciarlo a prisión.
Starmer, incluso sin haber conocido a Epstein, está al borde del colapso político. La presión aumenta desde su propio partido y la oposición, obligándolo a pedir perdón por el error que ha puesto en jaque su cargo.
¿Solo Europa paga el precio?
La crisis no es exclusiva del Reino Unido. Vandálicas dimisiones y sonoras disculpas se repiten en Noruega, Francia, Eslovaquia y Polonia, entre otros. Incluso miembros de la realeza, como el hermano del rey Carlos III, enfrentan consecuencias tangibles.
Pero en Estados Unidos, donde Epstein cometió sus delitos, la historia es distinta. Donald Trump aparece en más de 6,000 documentos públicos y nadie abre una investigación real. Sus vínculos no lo han tocado políticamente. Trump mantiene una postura desafiante y exige «pasar a otra cosa».
¿Por qué esta doble moral?
- Sistemas políticos: En Europa, los primeros ministros deben conservar la confianza parlamentaria permanente. La rendición de cuentas es más directa y rápida.
- Presidencialismo en EE.UU.: El presidente goza de mayor protección institucional y un mandato insustituible sin condiciones excepcionales.
- Control político: El dominio republicano en el Congreso protege a Trump de investigaciones vigorosas.
- Distracciones: En EE.UU., la atención pública y mediática está enfocada en crisis migratorias y protestas, relegando Epstein a un papel secundario.
Lo que no se cuenta
Este escándalo está poniendo a prueba la capacidad real de las instituciones para controlar a sus élites. En Europa, se evidencia que aún funciona cierta vergüenza política y mecanismos de control. En Estados Unidos, la situación revela la fragilidad de un sistema capturado por aliados políticos.
¿Qué viene? En Europa la presión crece y los procesos judiciales avanzarán. La élite está en alerta y algunos caerán. En Estados Unidos, el silencio y la impunidad podrían instalarse, ralentizando la transparencia y la justicia.
Es hora de preguntarse: ¿qué sistema realmente garantiza que políticos y cercanos a ellos rindan cuentas frente a escándalos de esta magnitud?